lunes, 2 de mayo de 2016

4 CREENCIA Y COMPRENSIÓN

En ese momento, cuando Subhuti, Mahakatyayana, Mahakashyapa y Mahamaudgalyayana —hombres con toda una vida de sabiduría— oyeron al Buda hablar de una Ley nunca antes escuchada, y le oyeron profetizar al Honrado por el Mundo que Shariputra lograría la iluminación suprema y perfecta, sintieron una inusitada emoción en su alma y bailaron de alegría. De inmediato, se incorporaron de sus asientos, se acomodaron las túnicas, dejaron descubierto el hombro derecho e hincaron la rodilla derecha en el suelo. Contemplando el rostro del Honrado en actitud reverente, con el cuerpo inclinado en señal de respeto y las palmas de las manos unidas con un único pensamiento, dijeron al Buda:
—Nosotros, representantes veteranos de los monjes, somos hombres ancianos y decrépitos. Creíamos que habíamos alcanzado el nirvana y que ya no éramos capaces de llegar a más, y por eso nunca buscamos la iluminación suprema y  perfecta.
»Ha pasado mucho tiempo desde que el Honrado por el Mundo comenzó a exponer la Ley. Durante ese período, permanecimos sentados en nuestros sitiales, con el cuerpo cansado e inerte, meditando solo sobre doctrinas como el vacío, lo informe y la inacción. Pero nuestra mente no se complació en la práctica de bodisatva de entretenerse con el libre despliegue de poderes trascendentales destinados a la purificación de las tierras de Buda y a la salvación de los seres vivos. ¿Y por qué? Porque el Honrado por el Mundo nos había permitido trascender los tres mundos y lograr la iluminación del nirvana.
»Además, somos hombres ancianos y decrépitos. Cuando escuchamos hablar de esta iluminación suprema y perfecta, que el Buda emplea para enseñar y convertir a los bodisatvas, nuestra mente no se embargó de júbilo ni de aprobación. Pero ahora, en presencia del Buda, hemos oído predecir que este que escucha la voz lograría la iluminación suprema y perfecta, y nuestro corazón se ha deleitado inmensamente. Hemos logrado lo que nunca antes habíamos tenido.

De pronto, podemos escuchar la Ley muy difícil de encontrar, algo que hasta ahora nunca habíamos esperado; nos consideramos, por lo tanto, personas profundamente afortunadas. Hemos adquirido gran benevolencia y enormes beneficios, una joya extraordinaria de valor incalculable, algo no buscado que vino por sí solo.
»Honrado por el Mundo, nos gustaría emplear una parábola para aclarar lo que queremos decirte. Supón que hay un hombre, todavía joven, que abandona a su padre, huye y pasa un largo período en otras tierras: tal vez diez, veinte o incluso cincuenta años. Con el paso del tiempo, se va empobreciendo cada vez más hasta verse sumido en un estado de verdadera indigencia. Merodea de aquí para allá, esperando encontrar comida o vestimenta, y su vagabundear lo lleva cada vez más lejos hasta que, accidentalmente, termina encaminándose a su tierra natal.
»Por su parte, el padre, que ha estado todos esos años buscando al hijo en vano, finalmente se afinca en cierta ciudad. Llega a administrar una inmensa fortuna y a ser dueño de incalculables riquezas y tesoros. Sus arcas rebosan de piezas de oro, plata, lapislázuli, coral, ámbar y cuentas de cristal. Tiene un sinfín de lacayos y de sirvientes, asistentes y criados, elefantes, caballos, carruajes y bueyes, y cabras imposibles de contar. Emprende lucrativos negocios tanto donde reside como en tierras foráneas, y entabla tratos comerciales con numerosos mercaderes y  viajantes.
»En ese momento, el hijo pobre, que lleva ya un tiempo vagando de aldea en aldea y atravesando muchas comarcas, finalmente llega a la ciudad donde vive su padre. Este nunca ha dejado de pensar en su hijo, pero, en los más de cincuenta años transcurridos desde su separación, ni una sola vez le ha hablado a nadie del asunto. Con el corazón transido de nostalgia y de arrepentimiento, a todas horas está inmerso en solitarias cavilaciones. Piensa que ya es anciano y decrépito. Ha amasado una inmensa fortuna, sus arcas rebosan de oro, plata y fabulosos tesoros pero no tiene a su hijo, y piensa que cuando le llegue la última hora todas estas posesiones y bienes se perderán, pues no tiene a quién confiar su heredad.
»Y por esa razón este hijo es constante objeto de sus desvelos. Y también cavila: “Si pudiera encontrarlo y confiarle a él mis riquezas, me sentiría satisfecho y en paz interior, y ya no tendría más preocupaciones”.

»Honrado por el Mundo, en ese momento, el hijo pobre, que viene cambiando de ocupación y yendo de un empleo a otro, por un azar de la fortuna se acerca a la residencia de su progenitor. Se detiene frente a la verja, observa a su padre a cierta distancia y lo ve sentado en su trono de león, con las piernas apoyadas sobre un escabel recamado de piedras preciosas, y rodeado de brahmanes, nobles y terratenientes que no dejan de rendirle homenaje. Su ornamentado traje luce festones de perlas valoradas en miles o decenas de miles. A su diestra y siniestra hay una cohorte de pajes, asisten- tes y lacayos que lo atienden sacudiendo espantamoscas blancos. Protege su cabeza un dosel con incrustaciones de gemas y pendones floridos. Y a sus pies, sobre el suelo rociado de agua perfumada, se ven adornos de exóticas flores. Aquí y allá se exhiben valiosos objetos que se muestran a su vista, cambian de manos, se reciben y se guardan. Tales son sus muchas clases de adornos, sus emblemas de privilegio y las señales de su distinción.
»Cuando el hijo pobre ve el inmenso poder y la incuestionable autoridad de aquel que es su padre, se siente apabullado, lleno de temor y de respeto reverencial y lamenta haberse detenido en un lugar como ese. Para sus adentros piensa: “Ha de ser algún rey, o alguien de majestad semejante. No es la clase de lugar donde yo pueda ofrecer mis servicios para ganarme el pan. Más me convendría ir a alguna humilde aldea donde, si trabajo bien, tal vez consiga fácilmente que me ofrezcan alimento y vestimenta. Si permanezco aquí más tiempo, hasta es posible que me capturen y me impongan servicio forzado”. No bien se le ocurre esta posibilidad, huye del lugar a toda prisa.
»En ese momento, el anciano rico, sentado en su trono de león, descubre la presencia de su hijo y lo reconoce de inmediato. Su corazón se colma de inmenso júbilo y, sin dudar un instante, piensa: “¡Ahora sí tengo a quién confiar mis tesoros y mis posesiones! Nunca he cesado de pensar en este hijo, a quien no tenía forma de encontrar. Y hete aquí que se presenta por sí solo, inesperadamente, que es como yo más hubiera querido. Aunque soy un anciano decrépito, nunca dejo de pensar en el destino que tendrá mi fortuna”.
»Así pues, sin un segundo de demora, manda a uno de sus hombres en busca del hijo que huía. El mensajero sale a la carrera tras el joven y consigue detenerlo. El hijo pobre, alarmado y despavorido, exclama con indignación: “¡Pero si no he hecho nada malo! ¿Por qué me capturáis?”. Sin embargo, el emisario lo sostiene con más fuerza aún y lo lleva sujeto a la rastra.

»En ese momento, el hijo piensa: “Me llevan prisionero, siendo que no he cometido ninguna falta… ¡Es seguro que me condenarán a muerte!”. Sintió más terror que nunca y, por la desesperación, perdió el conocimiento y se desplomó al suelo.
»El padre, que lo observa a la distancia, ordena al mensajero: “No necesito a este hombre. No lo traigas obligado. Refréscale el rostro con agua fría para que vuelva en sí, y no le digas nada más”.
»¿Por qué hace eso? Porque el padre sabe que su hijo es un hombre humilde y sin ambiciones, y que le resultará difícil aceptar sus propias riquezas y su posición privilegiada. Sabe muy bien que ese hombre es su descendiente, pero como medio hábil prefiere no decir a nadie: “Este es mi hijo”.
»El mensajero, entonces, dice al joven: “Quedas en libertad. Puedes ir a donde te plazca”. El hijo pobre recibe la noticia muy contento, pues ha obtenido algo que antes no tenía. Se pone en pie de un salto y se marcha hacia una aldea humilde, en busca de ropa y comida.
»En ese momento, el anciano rico, resuelto a atraer a su hijo una vez más, decide valerse de un medio hábil y envía a dos hombres de incógnito; hombres flacos, desaliñados y de aspecto poco digno. “Id en busca de ese pobre hombre y acercaos a él en forma casual. Decidle que conocéis un sitio donde le pagarán el doble del salario habitual. Si acepta las condiciones, traedlo aquí y ponedlo a trabajar. Si pregunta qué clase de labor tendrá que llevar a cabo, decidle que se lo empleará para apalear excrementos, y que ambos trabajaréis con él”.
»Los dos mensajeros parten de inmediato en busca del joven pobre. Cuando lo encuentran, se dirigen a él de acuerdo con las instrucciones que su señor les ha dado. En ese momento, el hijo pobre solicita un anticipo a cuenta de su jornal y se marcha con los dos individuos para ayudarlos a limpiar excrementos.
»Cuando el padre lo ve, se asombra y se compadece de él. Otro día, cuando miraba por la ventana, vuelve a verlo a la distancia, flaco y desgreñado, cubierto de excremento y sudor, de mugre y de tierra. De in- mediato, el padre se quita sus collares, sus finas vestiduras y sus otros adornos, y se viste con ropas sucias y andrajosas. Se ensucia el cuerpo con barro, toma en su diestra una pala para remover estiércol y, adoptando modales toscos, va en busca de los trabajadores, a quienes dice: “¡Seguid con la tarea! ¡Nada de holgazanear!”. Con este hábil medio logra acercarse a su hijo.

»Tiempo después, se le aproxima y le dice: “¡Tú, joven! Te propongo que permanezcas en este puesto y no te vayas de mi lado. Te aumentaré la paga y me ocuparé de tus necesidades, para que no te falten utensilios, arroz, harina, sal, vinagre y otras cosas de las que puedas inquietarte. Tengo un viejo criado que pondré a tu disposición cada vez que lo re- quieras. Así que puedes estar ya tranquilo. Seré como un padre para ti y no te preocupes más. ¿Por qué lo digo? Porque ya cuento demasiados años, pero tú aún eres joven y robusto. Cuando trabajas, no holgazaneas ni haces trampa, ni hablas con ira o resentimiento. No pareces tener los defectos tan comunes en el resto de mis trabajadores. De ahora en adelante, serás como un hijo para mí”. El hombre rico procede a escogerle un nombre, como todo padre hace con su hijo.
»Entonces, el hijo pobre, aunque encantado por el buen trato, se sigue considerando un humilde peón al servicio de otros. Es así como el hombre rico lo hace apalear estiércol durante veinte años. Al cabo de ese tiempo, el hijo siente que es comprendido y que se le brinda confianza; pero, aunque tiene libertad de ir y venir, sin restricciones, sigue viviendo en el mismo sitio que antes.
»Honrado por el Mundo, en ese momento el anciano rico cae enfermo y siente que se aproxima su hora. Habla con su hijo pobre y le dice: “Mis arcas rebosan de oro y de plata, y de cuantiosos y extraordinarios tesoros. Te harás cargo por completo de mis cuentas, y de lo que se pague y se recaude. Esto es lo que me propongo hacer, y quiero que cumplas mis deseos. ¿Por qué? Porque, a partir de ahora, tú y yo no nos conduciremos más como dos personas distintas. Debes poner suma atención y ocuparte de que no se cometan errores ni se registren pérdidas”.
»En ese momento, el hijo pobre, habiendo recibido tales órdenes, asume la supervisión de todos los bienes, del oro, la plata, los tesoros fabulosos y los cuantiosos almacenes. Pero jamás se le ocurre apropiarse de nada ni guardarse siquiera el costo de una sola vianda. Sigue viviendo en el mismo lugar de siempre, incapaz de no sentirse humilde e inferior.
»Así pasa el tiempo, y el padre percibe que su hijo, poco a poco, va ganando confianza en sí mismo y adquiriendo un porte más digno. Lo ve resuelto a realizar grandes empresas y a tomar distancia del bajo concepto en que antes se tenía. Consciente de que se aproxima su fin, ordena al hijo que disponga una reunión convocando a sus parientes y al monarca del país, a sus altos ministros, y a los nobles y terratenientes.

Cuando todos están reunidos, proclama este anuncio: “Caballeros, debéis saber que este es mi hijo, nacido de mi simiente. En tal y cual ciudad me abandonó y huyó a otras tierras, y durante más de cincuenta años vagó expuesto a diversos sufrimientos. Su nombre de nacimiento era tal, y el mío era tal otro. En el pasado, cuando yo aún vivía en mi ciudad natal, sufrí muchos desvelos a causa de su ausencia, y decidí salir a buscarlo. Tiempo después, quiso la suerte que pudiera reencontrarlo. Este es, ciertamente, mi hijo, y yo soy su padre verdadero. Ahora, le transferiré íntegramente todos mis bienes y mi patrimonio, y todo cuanto poseo. Este, mi hijo, conoce al dedillo los movimientos de recaudación y de pagos que se han llevado a cabo con anterioridad”.
»Honrado por el Mundo, cuando el hijo pobre oye hablar así a su padre, lo embarga una inmensa felicidad, pues ha adquirido lo que nunca antes había sido suyo, y piensa entonces: “Jamás tuve intención de buscar o ambicionar algo así. ¡Y, sin embargo, ahora estas arcas de tesoros llegan a mi vida por sí solas!”.
»Honrado por el Mundo, este anciano dueño de inmensas riquezas no es otro que El Que Así Llega, y nosotros somos como los hijos del Buda. El Que Así Llega constantemente nos dice que somos sus hijos. Pero, a causa de los tres sufrimientos, Honrado por el Mundo, inmersos en el nacimiento y la muerte sobrellevamos angustias abrasadoras, ilusiones e ignorancia, y nos apegamos gustosamente a doctrinas inferiores. Pero hoy el Honrado por el Mundo nos hace reflexionar atentamente, nos exhorta a desechar las doctrinas que son la impureza de polémicas frívolas.
»Hemos sido diligentes y nos dedicamos con denuedo a esta cuestión hasta lograr el nirvana, que es como la paga de un día. Y cuando lo con- seguimos, nuestro corazón rebosó de un inmenso gozo considerando que con eso bastaba. De inmediato nos dijimos: “Como hemos sido diligentes y nos esforzamos con respecto a la Ley del Buda, hemos obtenido esta comprensión tan rica y amplia”.
»Pero el Honrado por el Mundo, sabiendo desde las épocas pasadas que nuestra mente se apega a deseos poco sabios y se deleita con doctri- nas inferiores, nos perdonó y nos dejó hacer, sin intentar esclarecernos diciendo: “¡Llegaréis a adquirir la introspección de El Que Así Llega, y vuestra parte del arca de tesoros!”. Antes bien, el Honrado por el Mundo recurrió al poder de los medios hábiles y nos predicó la sabiduría de El Que Así Llega, de tal manera que pudiéramos dar crédito al Buda y lograr el nirvana, que es como el salario de una sola jornada. Y como

nosotros creímos que ese era un gran beneficio, no tuvimos deseo de ir en pos del gran vehículo.
»Además, expusimos y transmitimos la sabiduría del Buda en bien de los bodisatvas, pero nosotros mismos no aspiramos a lograrla. ¿Por qué lo digo? Porque el Buda, sabiendo que nuestra mente se solaza con doctrinas inferiores, recurrió al poder de los medios hábiles y predicó de un modo apropiado para nosotros. Así pues, no nos dimos cuenta de que, en verdad, éramos hijos del Buda. Pero ahora, por fin, hemos llegado a saberlo.
»Con respecto a la sabiduría del Buda, el Honrado por el Mundo jamás la ha escatimado. ¿Por qué lo digo? Desde tiempos pasados, en realidad hemos sido hijos del Buda, pero nosotros solo nos contentamos con doctrinas inferiores. Si hubiésemos tenido disposición a regocijar- nos con las grandes doctrinas, el Buda nos habría predicado la Ley del gran vehículo.
»Ahora, en este sutra, el Buda solo expone el vehículo único. En el pasado, cuando en presencia de los bodisatvas despreció a los que es- cuchaban la voz diciendo que se deleitaban con doctrinas inferiores, el Buda en realidad estaba empleando el gran vehículo para enseñarnos y convertirnos. Por eso decimos que, aunque originariamente no teníamos intención de ambicionar o de buscar nada así, ahora el gran tesoro del rey del Dharma ha llegado a nosotros por sí solo. Es algo que los hijos del Buda tienen derecho a adquirir, y que ahora han obtenido en su totalidad.
En ese momento Mahakashyapa, deseoso de manifestar su intención una vez más, habló en verso y dijo:

—Hoy hemos oído la voz del Buda
en la prédica
y danzamos de alegría
porque logramos lo que nunca antes habíamos poseído.
El Buda ha declarado que los que escuchan la voz
podrán lograr la Budeidad.
Este cúmulo de joyas inapreciables
ha llegado a nosotros sin que lo hayamos buscado.
Es como el caso de un niño que,
aún joven y sin discernimiento,
abandona a su padre y se escapa

a tierras lejanas,
y vaga de un país a otro
a la deriva por más de cincuenta años.
Su padre, profundamente  afligido,
lo busca por todos los rincones
hasta que, agotado,
recala en cierta ciudad.
Necesitado de satisfacer sus cinco deseos,
allí establece residencia
y llega a tener una mansión inmensa y costosa,
repleta de oro, plata,
nácar, ágata,
perlas, lapislázuli,
elefantes, caballos, bueyes, cabras,
palanquines y carruajes,
campos de labranza, criados, mozos de cuadra
y sirvientes en gran cantidad.
Se embarca en lucrativas empresas
tanto en su país como en otras tierras,
y establece mercaderes y viajantes
en las localidades más diversas.
Miles, decenas de miles, millones
lo rodean y lo reverencian.
Goza de la consideración
y del favor continuo del gobernante.
Los oficiales y los clanes poderosos
se suman rindiéndole honores
y son muchos los que, por una razón u otra,
a su alrededor se congregan.
Así de inmenso es su patrimonio,
y su gran poder e influencia.
Pero el hombre envejece y se vuelve anciano,
y recuerda a su hijo con más aflicción que nunca,
noche y día, sin poder pensar en nada más:
«Se aproxima la hora de mi muerte.
Ya han pasado más de cincuenta años
desde que ese necio niño me abandonó.
¿Qué será de mis arcas

rebosantes de riquezas?».
En ese momento, el hijo pobre
vaga en busca de ropa y comida
de aldea en aldea,
de país en país,
algunas veces con suerte,
otras, sin recibir nada,
famélico y hambriento,
con el cuerpo plagado de herpes y de llagas.
A fuerza de deambular,
llega a la ciudad donde vive su padre,
y al cabo de realizar distintas labores,
se presenta en la mansión de su progenitor.
En ese momento, ve al rico anciano
sentado en su trono de león
bajo un inmenso dosel con incrustaciones de gemas
erigido al otro lado del portal,
rodeado de subordinados,
guardias y asistentes.
Algunos cuentan piezas de oro y plata
y de otros materiales preciosos,
o registran por escrito
las entradas y los egresos de riquezas.
El hijo pobre, al ver lo eminente
y distinguido que es el anciano,
supone que se trata del rey de un país
o de alguien de majestad semejante.
Alarmado y sorprendido,
se pregunta por qué ha ido a ese lugar.
Y para sus adentros piensa:
«Si permanezco aquí,
lo más probable será que me capturen
y me impongan servicio forzado».
Al instante de ocurrírsele esa idea,
huye de ese sitio
preguntando por una aldea humilde,
donde alguien le ofrezca ocupación.
En ese momento, el hombre rico,

sentado en su trono de león,
descubre al hijo a la distancia
y en silencio lo reconoce como tal.
De inmediato envía a un mensajero
para que corra tras él y lo lleve a su lado.
El hijo menesteroso, angustiado, gritando de terror,
cae de bruces al suelo.
«¡Este hombre me ha capturado
y con toda seguridad me dará muerte!
¡Cómo pensar que mi viaje en busca de ropa y alimento
me pondría en tal aprieto!».
El hombre rico sabe que su hijo
es ignorante y que no se tiene en estima.
«Jamás creerá mis palabras,
nunca creerá que soy su padre».
De modo que recurre a medios hábiles
y envía a otros hombres por él:
uno tuerto, y otro débil y rudo,
sin asomo de dignidad o distinción en su porte.
A ambos les dice: «Hablad con él
y decidle que le daré empleo
apaleando bosta y excremento,
y que le pagaré el doble de lo habitual».
Cuando el hijo pobre escucha esto
decide aceptar encantado y vuelve con los emisarios
dispuesto a limpiar excremento
y a asear los cuartos de la casa.
El rico anciano observa todo el tiempo a su hijo
desde la ventana,
asombrado de que su ignorancia y su baja estima
le permitan solazarse en tan indigna tarea.
Entonces, el acaudalado hombre
se viste con ropas sucias y andrajosas,
empuña una pala para limpiar estiércol
y va donde está su hijo,
valiéndose de este hábil medio para acercarse
y alentarlo a trabajar con denuedo:
«Te he aumentado el jornal;

te daré aceite para que frotes tus pies.
Me ocuparé de que tengas abundante bebida y comida,
y esteras y cobijas gruesas y tibias».
También le habla con severidad:
«¡Esfuérzate más!».
O le dice con afecto:
«Te considero un hijo».
El hombre rico, que es sabio,
gradualmente permite a su hijo entrar en la mansión.
Al cabo de veinte años,
lo pone a cargo de la administración de las cuentas
y le muestra su oro, su plata,
sus perlas y su cristal,
y las demás cosas que recauda y acumula
para que entienda y sepa acerca de todas,
aun cuando el hijo siga viviendo puertas afuera
y durmiendo en una choza de paja
porque todavía se considera pobre y piensa:
«Ninguna de estas cosas es mía».
El padre observa que las ideas del hijo
se van tornando más amplias y magnánimas;
deseoso de transferirle sus riquezas y bienes,
manda llamar a sus parientes,
al rey del país y a los altos ministros,
a los nobles y terratenientes.
En presencia de la gran asamblea
declara: «Este es mi hijo.
Me abandonó y vagó por tierras lejanas
durante  cincuenta años,
pero ya hace veinte
que lo he reencontrado.
Hace mucho tiempo, en tal y cual ciudad,
perdí a mi hijo.
Viajé por muchos sitios buscándolo
hasta que mis pasos me trajeron a este lugar.
Todo lo que poseo,
mi casa y mis hombres,
se lo confiero en su totalidad

para que haga con ello lo que le plazca».
El hijo recuerda lo pobre que ha sido en el pasado,
piensa en su humildad y en su menoscabo,
y en que ha recibido de su padre
este inmenso legado de extraordinarios tesoros,
su mansión,
sus bienes y su patrimonio.
Se siente embargado de una dicha indescriptible
por haber logrado lo que nunca antes había poseído.
El Buda también actúa así.
Conoce nuestro apego a lo insignificante
y por eso nunca nos dice:
«Podéis lograr la Budeidad».
Antes bien, nos explica
que podemos liberarnos de los desbordamientos,
llevar a cabo el pequeño vehículo
y ser discípulos que escuchan la voz.
Luego el Buda nos exhorta a
predicar el Camino supremo
y a exponer que aquellos que lo practiquen
podrán lograr la Budeidad.
Recibimos la enseñanza del Buda
y en bien de los grandes bodisatvas
empleamos causas y condiciones,
diversas semejanzas y parábolas,
variadas palabras y frases
para predicar el Camino insuperable.
Cuando los hijos del Buda
escucharon la Ley por nuestro medio,
la ponderaron día y noche
y la practicaron con diligencia y empeño.
En ese momento, los budas
les confirieron profecías y les dijeron:
«En existencias futuras,
podréis lograr la Budeidad».
Con respecto a la Ley del arca secreta
de todos los diversos budas,
establecimos ese hecho verdadero

solo para los bodisatvas;
no expusimos este fundamento auténtico
en nuestro propio beneficio.
Es como el caso del hijo pobre
que se acerca a su padre.
Aunque sabe que su progenitor es rico,
su corazón no ansía poseer esa riqueza.
Del mismo modo,
nosotros predicamos el arca de tesoros de la Ley de los budas,
pero sin pensar en poseerla,
y en ese sentido nuestro caso es similar.
Buscamos erradicar lo que había en nosotros
creyendo que con eso sería suficiente.
Entendimos solo este único afán
e ignoramos las otras cuestiones.
Aunque oíamos hablar
de purificar las tierras de Buda,
de enseñar y de convertir a los seres,
tales cosas no nos complacían.
¿Y por qué?
Porque todos los fenómenos
son serenos y vacíos por igual,
sin nacimiento, sin extinción,
sin amplitud, sin pequeñez,
sin desbordamientos, sin acción.
Cuando uno lo pondera de este modo,
no puede sentir alegría ni solaz.
Durante la extensa noche,
con respecto a la sabiduría del Buda
no albergamos ansias ni apegos
ni el deseo de adquirirla.
Creímos que, con respecto a la Ley,
ya habíamos alcanzado lo supremo.
Durante la extensa noche,
practicamos la Ley del vacío,
nos liberamos de los tres mundos
y de su carga de sufrimientos y de aflicción.
Vivimos nuestra existencia final

en el nirvana con remanentes.
Como la enseñanza y la conversión del Buda no fue en vano,
adquirimos un Camino;
y, a través de ello, creímos haber saldado
la deuda contraída con el Buda por su bondad.
Aunque predicamos
la Ley del bodisatva
para los hijos del Buda
y los instamos a buscar el Camino del Buda,
nosotros mismos
nunca aspiramos a esa Ley.
Fuimos abandonados por nuestro guía y maestro
porque él había observado lo que había en nuestro corazón.
Desde el principio, él nunca nos persuadió
ni nos habló del beneficio verdadero.
Fue como el hombre acaudalado
que conoce las ínfimas ambiciones de su hijo
y recurre al poder de medios hábiles
para moldear y refinar sus inclinaciones,
y así poder confiarle, más adelante,
todas sus riquezas y tesoros.
El Buda también actúa así;
elige seguir un curso extraño.
Sabe que algunos ambicionan lo irrelevante
y usa el poder de los medios hábiles
para moldear y atemperar sus inclinaciones,
y solo entonces les enseña la gran sabiduría.
Hoy hemos alcanzado
lo que nunca antes habíamos tenido;
lo que nunca antes habíamos deseado
ahora llega a nosotros por sí mismo;
somos como el hijo menesteroso
que adquiere tesoros incalculables.
 Ahora, Honrado por el Mundo,
hemos adquirido el Camino, hemos obtenido su fruto;
mediante la Ley libre de desbordamientos
hemos obtenido un ojo inmaculado.
Durante la extensa noche,

observamos los preceptos puros del Buda
y hoy, por primera vez,
hemos obtenido el fruto, la recompensa.
En la Ley del rey del Dharma,
hemos realizado largo tiempo prácticas de Brahma,
y ahora alcanzamos un estado libre de desbordamientos,
el gran fruto insuperable.
Ahora, realmente hemos llegado a ser
discípulos que escuchamos la voz,
pues tomaremos la voz del Camino del Buda
y haremos que todos la oigan.
Ahora hemos llegado a ser
verdaderos arhats,
pues merecemos
recibir ofrendas en cualquier parte,
entre seres celestiales y humanos,
entre demonios y Brahmas de los diversos mundos.
El Honrado por el Mundo, en su gran amor compasivo, s
e vale de algo extraordinario,
con su piedad y compasión nos enseña y convierte,
y nos brinda beneficios.
¿Quién podría retribuirle  jamás,
ni siquiera en incontables millones de kalpas?
Aunque le ofrezcamos nuestras manos y pies,
inclinemos nuestra cabeza en respetuoso gesto de sumisión
y entreguemos toda suerte de ofrendas,
ninguno de nosotros podría jamás llegar a retribuirle.
Aunque lo alcemos y carguemos sobre nuestras cabezas,
aunque lo llevemos en andas sobre los hombros,
aunque, durante kalpas numerosos como los granos de arena del
Ganges,
lo reverenciemos de todo corazón,
aunque vengamos con delicados manjares,
con incontables ropas alhajadas,
con lechos y cobijas,
con clases diversas de pócimas y remedios,
con sándalo cabeza de buey
y toda clase de gemas exóticas,

aunque construyamos torres conmemorativas
y cubramos el suelo con túnicas tachonadas de joyas,
aunque hiciéramos todo esto
a guisa de ofrenda,
durante kalpas cuantiosos como los granos de arena del Ganges,
así y todo jamás saldaríamos nuestra deuda con él.
Los budas poseen poderes trascendentales
muy difíciles de conocer,
inconmensurables, ilimitados,
inimaginablemente grandes.
Libres de desbordamientos, libres de acción,
estos reyes de las doctrinas
hacen gala de paciencia en estas cuestiones,
en bien de los inferiores y humildes;
a las personas comunes, apegadas a las apariencias,
les predican de acuerdo con lo apropiado.
Con respecto a la Ley, los budas
pueden ejercer una absoluta libertad.
Entienden los diversos deseos y gozos
de los seres vivos,
como así también sus anhelos y aptitudes,
y pueden adecuarse a sus diversas capacidades
empleando infinidad de semejanzas
para exponerles la Ley.
Valiéndose de las buenas raíces
plantadas por los seres en existencias pasadas,
y distinguiendo cuáles de ellas están maduras
y cuáles aún no han llegado a la madurez
llevan a cabo estimaciones,
diferencias y percepciones,
y toman el Camino del vehículo único
y lo predican, de acuerdo con lo apropiado, como si fueran tres.

5 LA PARÁBOLA DE LAS HIERBAS MEDICINALES


En ese momento, el Honrado por el Mundo dijo a Mahakashyapa y a los demás discípulos prominentes:
—Excelente, excelente, Kashyapa. Has dado una excelente descripción de los verdaderos beneficios de El Que Así Llega. Es tal como has dicho. El Que Así Llega, en efecto, posee inconmensurables, ilimitados, asamkhyas de beneficios y aunque tú y los demás pasarais infinidad de millones de kalpas intentándolo, nunca podríais acabar de describirlos.
»Kashyapa, debes comprender esto. El Que Así Llega es el rey de las doctrinas. En lo que él predica, no hay nada en vano. Con respecto a todas las diversas doctrinas, para exponerlas recurre a la sabiduría y a los medios hábiles. Por lo tanto, todas las que él expone se extienden hasta el punto en que esa amplia sabiduría existe. El Que Así Llega observa y comprende la finalidad hacia la cual tienden todas las doctrinas. Y también entiende las funciones de la mente profunda de todos los seres vivos, y penetra en ellas en forma cabal y sin impedimento. Está total- mente iluminado con respecto a las doctrinas, y revela a los seres vivos la sabiduría en su totalidad.
»Kashyapa, es como las plantas y los árboles, las florestas y los bosques, y las hierbas medicinales, pertenecientes a una amplísima variedad y cada una con su propio nombre y su matiz, que crecen en las colinas o a la vera de los arroyos, en los valles o en los distintos tipos de suelo que hay en el gran sistema planetario. Densas nubes, que cubren la totalidad del gran sistema planetario, saturan en un solo instante el firmamento. La humedad penetra por igual en todas las plantas y los árboles, en las florestas y en los bosques, y en las hierbas medicinales, e impregna las raicillas, los tallos tiernos, las ramitas, las hojas minúsculas, las raíces medianas, los tallos de cierta longitud, las ramas ya crecidas, las hojas de mediano tamaño, y las grandes raíces, los gruesos tallos, las ramas fuertes y las hojas inmensas. Todos los árboles —tanto los grandes como los pequeños, tanto los de naturaleza superior o mediana como los de clase inferior— reciben su parte.

La lluvia que cae de ese manto de nubes con- cuerda con cada especie particular y se adecua a su naturaleza, haciéndola germinar y madurar, florecer y dar fruto. Aunque todos estos árboles y plantas crecen en la misma tierra y son humedecidos por la misma lluvia, cada uno de ellos posee diferencias y peculiaridades.
»Kashyapa, debes entender que El Que Así Llega se comporta de este modo. Aparece en el mundo como una inmensa nube que cobra volumen. Con voz sonora penetra en todos los seres humanos y celestiales y en los asuras del mundo entero, como una gigantesca nube que se cierne sobre el gran sistema planetario. Y en medio de la gran asamblea, pronuncia estas palabras: “Yo soy El Que Así Llega, digno de ofrendas, de conocimiento recto y universal, de perfecta claridad y conducta, bien encaminado, conocedor del mundo, sabio sin parangón, mentor de la gente, maestro de seres humanos y celestiales, Buda, Honrado por el Mundo. A los que aún no hayan cruzado, los haré cruzar; a los que aún no hayan comprendido, les haré comprender; a los que aún no tengan paz, les daré paz; a los que aún no estén en el nirvana, les haré lograr el nirvana. Yo comprendo las verdaderas circunstancias de esta existencia y de las existencias futuras. Soy el que conoce todas las cosas, ve todas las cosas, comprende el Camino, abre el Camino, predica el Camino. ¡Seres humanos y celestiales, asuras y otros, venid aquí para que os haga escuchar la Ley!”.
»En ese momento, seres vivos pertenecientes a incontables miles, decenas de miles y millones de especies acuden al sitio donde está el Buda para escuchar la Ley. Entonces, El Que Así Llega observa si la facultad de esos seres es aguda o torpe, si su esfuerzo es diligente o remiso. Y de acuerdo con lo que cada uno es capaz de escuchar, les predica la Ley usando una infinita diversidad de formas, para que todos puedan deleitarse en ella y obtener de ella excelentes beneficios.
»Una vez que estos seres hayan escuchado la Ley, disfrutarán de paz y de seguridad en esta existencia y de buenas circunstancias en existencias futuras, en las cuales recibirán la felicidad y, nuevamente, podrán escuchar la Ley. Entonces, habiendo escuchado la Ley, escaparán de los obstáculos y de los impedimentos, y con respecto a las diversas doctrinas podrán ejercer sus poderes al máximo y, gradualmente, entrar en el Camino. Es como la lluvia que cae de esa gran nube sobre todas las plantas y los árboles, florestas y bosques, y hierbas medicinales.

Cada una, de acuerdo con su especie y su naturaleza, recibe su cuota completa de humedad y puede así germinar y crecer.
»La Ley predicada por El Que Así Llega tiene una sola forma, un sabor, un nombre, que es la forma de la emancipación, la forma de la separación, la forma de la extinción, que finalmente se reduce a una sabiduría que abarca todas las especies. Cuando los seres vivos escuchan la Ley de El Que Así Llega, aunque la abrazan, la leen y la recitan, y la practican tal como él estipula, en realidad no la entienden ni compren- den los beneficios que de esa forma pueden adquirir. ¿Y por qué? Porque solo El Que Así Llega entiende la especie, la apariencia, la entidad, la naturaleza de estos seres vivos. Sabe en qué piensan, qué ponderan, qué practican. Sabe cómo piensan en las cosas, cómo las ponderan, cómo las practican. Sabe los medios que los llevan a pensar en ellos, los medios que los llevan a ponderarlos, los medios que los llevan a practicarlos, y qué medios adquieren.
»Los seres vivos existen en una diversidad de ambientes, pero solo El Que Así Llega ve sus auténticas circunstancias y las comprende plena- mente, sin impedimentos. Es como esas plantas y árboles, esos arbustos y bosques, y esas hierbas medicinales que no saben por sí mismas si son de naturaleza superior, intermedia o inferior. Pero El Que Así Llega sabe que esta es la Ley de una sola forma, un sabor, un nombre, que es la forma de la emancipación, la forma de la separación, la forma de la extinción, la forma del nirvana supremo, la tranquilidad y la extinción constantes, que en última instancia encuentra su destino en la vacuidad. El Buda comprende todo esto. Pero como puede ver los deseos que existen en la mente de los seres, los guía y los protege, y por esta razón no les predica en forma inmediata la sabiduría que abarca todas las especies.
»Tú y los otros, Kashyapa, habéis hecho algo muy extraordinario, pues entendéis que El Que Así Llega predica la Ley de acuerdo con lo apropiado, tenéis fe en ella y podéis aceptarla. ¿Por qué lo digo? Porque es difícil entender y difícil comprender que los budas, los Honrados por el Mundo, predican la Ley de acuerdo con lo apropiado.
En ese momento, el Honrado por el Mundo, deseoso de manifestar su intención una vez más, habló en verso y dijo:

—Cuando aparece en este mundo
el rey del Dharma, el destructor del ser,

considera los deseos de los seres vivos
y predica la Ley de formas muy diversas.
El Que Así Llega, digno de honor y de reverencia,
tiene una sabiduría profunda y de largo alcance.
Durante mucho tiempo se mantuvo en silencio con respecto a lo
esencial
sin manifestar ninguna premura por revelarlo de una vez.
Si los sabios la escuchan,
podrán creer en ella y comprenderla,
pero los de escasa sabiduría tendrán dudas y pesares
y no saldrán jamás de su error.
Por esta razón, Kashyapa,
cuando predica se adapta al poder de las personas
y aprovecha diversas causas
para permitirles adquirir una noción correcta.
Kashyapa, debes comprender
que es como una gran nube
que se cierne sobre el mundo
y lo cubre todo.
Esta benéfica nube está cargada de humedad,
y sus relámpagos destellan y fulguran,
y el sonido del trueno resuena en la distancia
haciendo alborozar a las multitudes.
Los rayos del sol tras su velo se ocultan
y una límpida frescura inunda la tierra.
Y un denso manto de sombra
se extiende y se derrama casi como si fuera tangible.
La lluvia cae por doquier
y desciende por los cuatro flancos.
Fluye e impregna el mundo sin medida
llegando a cada confín de la tierra,
a las cañadas y valles de montaña, a los arroyos,
a los lugares aislados y remotos,
donde crecen las plantas, los arbustos y las hierbas medicinales,
donde crecen árboles grandes y pequeños,
y cientos de cereales, brotes de arroz,
cañas de azúcar y viñedos.
La lluvia se derrama sobre todos ellos,

y ninguno deja de recibir su cuota de humedad.
Se riega en todas partes la tierra reseca,
y las hierbas y los árboles crecen con exuberancia;
lo que cae de las nubes
es agua de un solo sabor,
pero las plantas y los árboles, los arbustos y los bosques
aceptan todos la humedad que corresponde a su parte.
Los diversos árboles,
superiores, intermedios o inferiores,
toman lo que resulta adecuado a lo grande o a lo pequeño
y cada uno así es capaz de dar brotes y crecer.
Raíz, tallos, ramas, hojas,
y frutos y flores de muchos colores y esplendor,
sobre todos ellos cae una misma lluvia
y les permite humedecerse y adquirir tersura.
Sean cuales fueren su entidad, apariencia y naturaleza,
grandes o minúsculas,
aunque todos reciben una sola humedad,
cada uno crece y florece a su propio y singular modo.
El Buda también es así;
cuando aparece en este mundo
es como una gran nube
que todo lo cubre en cada lugar.
Habiendo advenido al mundo
en bien de los seres vivos,
para exponer la verdad traza distinciones
referidas a los fenómenos.
El gran venerable, el Honrado por el Mundo,
rodeado de todos
dirige estas palabras
a los seres humanos y celestiales:
Soy El Que Así Llega,
el más honorable de los seres con dos piernas.
Aparezco en el mundo
como una inmensa nube
que impregna de humedad
a todos los seres resecos y marchitos
para que puedan escapar del sufrimiento,

adquirir la dicha de la paz y la seguridad,
los gozos de este mundo
y el deleite del nirvana.
Todos vosotros, seres humanos y celestiales de esta asamblea,
¡escuchad atentamente y con un único pensamiento!
Debéis reuniros aquí
y observar a ese ser de honor incomparable.
Soy el Honrado por el Mundo,
no tengo rival.
Para dar paz y seguridad a los seres,
he aparecido en el mundo
y en bien de esta gran asamblea
predico el dulce rocío de la Ley pura.
Esta Ley tiene un solo sabor,
el de la emancipación, el nirvana.
Con un solo y sublime sonido
expuse y develé su significado;
constantemente en bien del gran vehículo
he creado causas y condiciones.
Considero todas las cosas
universalmente iguales;
mi mente no se inclina en favor de tales o cuales,
ni ama a unos ni odia a otros.
No tengo codicia ni apego,
no tengo limitación o traba.
En todo momento, para todas las cosas,
predico la Ley por igual;
del mismo modo que haría con una única persona,
procedo con personas  innumerables.
Constantemente expongo y predico la Ley;
nunca he hecho otra cosa
más que venir, ir, sentarme, ponerme de pie,
sin jamás, ni aun en el final, sentirme exhausto o desalentado.
Llevo plenitud y satisfacción al mundo,
como una lluvia que disemina su humedad a todos los rincones.
Bajos y eminentes, superiores e inferiores,
hombres obedientes de los preceptos y transgresores,
personas dotadas cabalmente de la conducta apropiada

y otras no tan dotadas,
seres de ideas correctas y de conceptos erróneos,
los de facultades agudas y torpes,
yo hago que la lluvia del Dharma caiga sobre todos ellos por igual,
sin jamás ser remiso o negligente.
Cuando los muchos y diversos seres
escuchan mi Ley,
la reciben de acuerdo con su poder
y viven en su ambiente específico.
Algunos moran en los reinos de los seres humanos y celestiales;
de los venerables reyes que hacen girar la rueda [de la Ley],
de Shakra, Brahma y los demás reyes;
estos son como las hierbas medicinales inferiores.
Algunos entienden la Ley sin desbordamientos,
pueden lograr el nirvana y
adquirir los seis poderes trascendentales,
y obtener, en particular, las tres comprensiones,
o viven solos en bosques de montaña,
practicando en forma constante la meditación
y obteniendo la iluminación de los que toman conciencia de la causa:
estos son como las hierbas medicinales de mediana calidad.
Y otros buscan el lugar del Honrado por el Mundo;
convencidos de que pueden llegar a ser budas,
se entregan a un esfuerzo diligente y practican la meditación;
estos son como las hierbas medicinales de calidad superior.
Y también hay hijos del Buda
que consagran su mente tan solo al Camino del Buda;
constantemente practican la piedad y el amor compasivo,
conscientes de que ellos mismos lograrán la Budeidad,
seguros de ello y sin jamás dudar.
A estos los llamo árboles pequeños.
Los que viven en paz, en sus poderes trascendentales,
hacen girar la rueda del no retroceso
y salvan a innumerables millones
de cientos de miles de seres vivos.
A bodisatvas como estos
los llamo árboles grandes.
La igualdad de la prédica del Buda

es como una lluvia de un solo sabor,
pero según la naturaleza de los seres vivos,
la forma en que estos la reciben es variable,
así como las muchas plantas y árboles
reciben la humedad de manera distinta.
El Buda emplea esta parábola
como medio eficaz para abrir y revelar el asunto,
recurriendo a diversas clases de palabras y frases
y exponiendo una sola Ley,
pero desde el punto de vista de la sabiduría del Buda,
esto no es más que una gota del océano.
Hago caer la lluvia del Dharma
hasta colmar el mundo entero,
y este Dharma
de un solo sabor
es practicado por cada uno de acuerdo con su poder individual.
Es como esos bosques y florestas,
hierbas medicinales y árboles
que, grandes o pequeños,
adquieren belleza y exuberancia poco a poco.
La Ley de los budas
posee constantemente un solo sabor,
y hace que los numerosos mundos
experimenten la satisfacción plena en cada lugar;
mediante la práctica gradual, nivel por nivel,
todos los seres pueden adquirir los frutos del Camino.
Los que escuchan la voz y los que toman conciencia de la causa,
que habitan en bosques de montaña
y moran en su existencia final,
al escuchar la Ley y obtener sus frutos
son —podríamos decir— como hierbas medicinales,
cada una de las cuales crece y florece a su propio modo.
Si hay bodisatvas
asiduos y de firme sabiduría,
que comprenden plenamente los tres mundos
y buscan el vehículo supremo,
a estos los llamamos árboles pequeños
que adquieren crecimiento y  madurez.
Y también a los que viven en la meditación

y han adquirido la fortaleza de los poderes trascendentales,
que han oído predicar la vacuidad de todos los fenómenos
y se regocijan inmensamente en su fuero interno,
y emiten incontables rayos de luz
para salvar a los seres,
a esos los llamamos grandes árboles
que han adquirido crecimiento y madurez.
De esa forma, Kashyapa,
la Ley predicada por el Buda
se compara con una gran nube
cuya lluvia de un único sabor
humedece las flores humanas
para que cada ser pueda fructificar.
Kashyapa, debes comprender
que mediante diversas causas y condiciones,
diversas clases de semejanzas y parábolas,
yo abro y revelo el Camino del Buda.
Esto que empleo es un medio hábil
y lo mismo cabe decir que hacen los otros budas.
Ahora, para ti y para los demás,
predico la verdad suprema:
ni uno solo entre la multitud de los que escuchan la voz
ha entrado en el nivel de la extinción.
Lo que vosotros estáis practicando
es el Camino del bodisatva,
y mientras sigáis avanzando poco a poco en la práctica y el
aprendizaje
todos lograréis la Budeidad con certeza.

6 LA ANUNCIACIÓN DE PROFECÍAS

En ese momento, el Honrado por el Mundo, habiendo terminado de recitar esos versos, hizo un anuncio a la gran asamblea:
—Este discípulo mío, Mahakashyapa, en futuras existencias podrá presentarse ante tres billones de budas, Honrados por el Mundo, para entregarles ofrendas, reverenciarlos, honrarlos y alabarlos, y proclamar ampliamente las innumerables y grandes doctrinas de los budas. Y en su última reencarnación, llegará a ser un buda llamado El Que Así Llega Brillo de Luz, digno de ofrendas, de conocimiento recto y universal, de perfecta claridad y conducta, bien encaminado, conocedor del mundo, sabio sin parangón, mentor de la gente, maestro de seres humanos y celestiales, Buda, Honrado por el Mundo. Su tierra se conocerá como Virtud de la Luz, y su kalpa se llamará Gran Adorno. Y la vida de este Buda durará doce kalpas menores. Su Ley Correcta prevalecerá en el mundo durante veinte kalpas menores, y su Ley Falsa lo hará durante otros veinte.
»Su reino lucirá majestuosos ornamentos, no habrá en él mal ni impureza, ni escombros ni desechos, ni púas ni espinos, ni la sucia pestilencia de las letrinas. La tierra será suave y llana, sin promontorios ni hondonadas, sin pozos ni lomas. El suelo será de lapislázuli con hileras de árboles alhajados, y los caminos estarán delimitados por cuerdas de oro. Por todas partes se verán flores cuajadas de gemas, y todo el sitio será puro e inmaculado. Los bodisatvas de ese reino sumarán incontables miles de millones, y la multitud de los que escuchan la voz será, asimismo, incalculable. No habrá funciones diabólicas, y aunque allí se encuentren el demonio y los seres que obedecen al demonio, todos ellos protegerán la Ley budista.
En ese momento, el Honrado por el Mundo, deseoso de manifestar su intención una vez más, habló en verso y dijo:

—Anuncio esto a los monjes:
cuando empleo el ojo del Buda
para observar aquí a Kashyapa,
veo que en una futura existencia,
cuando hayan pasado incontables kalpas,
podrá manifestar la Budeidad.
En existencias futuras
ofrendará limosnas y comparecerá ante
tres billones de budas,
Honrados por el Mundo.
En pos de la sabiduría del Buda,
cumplirá meticulosas prácticas de  Brahma
y ofrendará limosnas a los seres sin parangón,
a los más honorables de los seres con dos piernas.
Cuando lo haya hecho, y haya practicado
las muchas clases de sabiduría insuperables,
en su encarnación final
llegará a ser un buda.
Su tierra será pura y limpia,
y el suelo, de lapislázuli.
A la vera de las rutas
crecerán filas de árboles enjoyados,
y cordeles de oro demarcarán los caminos,
y todos aquellos que los contemplen se regocijarán.
Siempre habrá una fragancia  encantadora,
colmadas de exquisitas y raras flores esparcidas alrededor
y muchas clases de cosas prodigiosas y extrañas
que la adornarán.
La tierra será llana y suave,
sin promontorios ni hondonadas.
Y habrá una multitud de bodisatvas
en  cantidad incalculable,
de corazón sereno y gentil,
que habrán obtenido grandes poderes trascendentales
y abrazarán y practicarán
la escritura del gran vehículo de los budas.
La multitud de los discípulos que escuchan la voz,
en cantidad inmensurable, libres de  desbordamientos,

hijos del rey del Dharma,
vivirán la que será su última reencarnación;
aunque uno quisiera contarlos con el ojo celestial,
así y todo no podría lograrlo.
La vida de este Buda durará
doce kalpas menores.
Durante veinte kalpas menores
perdurará su Ley Correcta en el mundo,
y otros veinte durará
su Ley Falsa.
El Honrado por el Mundo Brillo de Luz
 responderá a esta descripción.

En ese momento, Gran Maudgalyayana, Subhuti y Mahakatyayana, todos trémulos de emoción, unieron las palmas de sus manos con un único pensamiento y contemplaron al Honrado por el Mundo, sin apartar los ojos de él ni siquiera un instante. Y así hablaron, en verso, sus voces fundidas al unísono:

—Gran héroe valiente, Honrado por el Mundo,
rey del Dharma de los Shakyas,
¡si te condueles de nosotros,
benefícianos con la voz del Buda!
Ya que entiendes lo más recóndito de nuestra alma,
si nos concedes una profecía de Budeidad,
será como si nos bañara el dulce rocío,
quitara nuestras fiebres y nos infundiera frescor.
Si alguien llegase de una tierra azotada por la hambruna
y de pronto se topase con el fastuoso banquete de un rey,
su corazón, transido de temores y de dudas,
no osaría comer ni un bocado.
Pero si el rey le ordenara que lo hiciera,
en tal caso se atrevería a probarlos.
Nosotros somos como esa persona:
cada vez que recordamos los errores del pequeño vehículo,
no sabemos qué más acometer
con tal de adquirir la sabiduría insuperable de un buda.
Aunque oímos la voz del Buda

diciéndonos que lograremos la  Budeidad,
en nuestro corazón seguimos albergando ansiedad y temores,
como aquel que no osa servirse manjares.
Pero si el Buda nos concede una profecía,
la dicha y la paz vendrán enseguida a nosotros.
Gran héroe valiente, Honrado por el Mundo,
tu deseo constante es infundir tranquilidad al mundo.
Te suplicamos que nos concedas una profecía así,
como si ordenaras comer a alguien hambriento.

En ese momento, el Honrado por el Mundo, consciente de lo que pensaban sus prominentes discípulos, formuló este anuncio a los monjes:
—Subhuti, aquí presente, en existencias futuras comparecerá ante tres billones de nayutas de budas, para entregarles ofrendas, reverenciar- los, honrarlos y alabarlos. Constantemente llevará a cabo prácticas de Brahma y completará el Camino del bodisatva, y en su reencarnación final podrá lograr la Budeidad. Su título será El Que Así Llega Forma Extraordinaria, digno de ofrendas, de conocimiento recto y universal, de perfecta claridad y conducta, bien encaminado, conocedor del mundo, sabio sin parangón, mentor de la gente, maestro de seres humanos y celestiales, Buda, Honrado por el Mundo. Su kalpa se conocerá como Poseedor de Joyas, y su reino, como Nacido de Gemas. La tierra será lisa y llana, el suelo será de cristal, y estará adornado de árboles alhajados, sin colinas ni fosos, sin basura ni espinos, ni suciedad de letrinas. El suelo estará cubierto de flores cuajadas de gemas, y todo el sitio será puro e inmaculado. Los habitantes de este reino vivirán en terrazas adornadas de piedras preciosas, con pabellones y torres maravillosas y extraordinarias. Habrá allí incontables, ilimitados discípulos que escuchan la voz, más allá de toda posibilidad de cálculo o de analogía. La multitud de bodisatvas ascenderá a incontables miles, decenas de miles, millones de nayutas. La vida de este Buda durará doce kalpas menores, su Ley Correcta prevalecerá en el mundo durante veinte kalpas menores; y su Ley Falsa, durante otros veinte. Y él constantemente vivirá en el aire, predicando la Ley para la asamblea y salvando a innumerables multitudes de bodisatvas y de discípulos que escuchan la voz.
En ese momento, el Honrado por el Mundo, deseoso de manifestar su intención una vez más, habló en verso y dijo:

—A vosotros, a la multitud de monjes,
ahora os anuncio lo siguiente.
Todos debéis escuchar lo que diré
con un único pensamiento.
Subhuti,
mi prominente discípulo,
está destinado a ser un buda
llamado Forma Extraordinaria.
Ofrendará limosnas a incontables
decenas de miles y millones de budas.
Siguiendo las prácticas de los budas,
gradualmente completará el gran Camino
y, en su encarnación final,
adquirirá los treinta y dos rasgos.
Será imponente, excepcional, maravilloso,
como una montaña de piedras preciosas.
Su tierra de Buda
descollará por sus adornos y pureza;
todo ser vivo que la contemple
se rendirá ante ella, arrobado y feliz.
Allí, en el seno de este lugar, ese Buda
salvará a incontables multitudes.
En la Ley de ese Buda,
habrá muchos bodisatvas,
todos ellos dotados de agudas facultades,
que harán girar la rueda del no retroceso.
Su tierra constantemente
será honrada por bodisatvas.
La multitud de los que escuchan la voz
será incalculable,
y todos obtendrán las tres comprensiones
y ejercerán los seis poderes trascendentales;
vivirán en las ocho emancipaciones
y poseerán gran virtud y autoridad.
La Ley predicada por ese Buda
manifestará inconmensurables
poderes trascendentales y transformaciones
de prodigiosa naturaleza.

Y los seres humanos y los seres celestiales,
numerosos como los granos de arena del Ganges,
unirán las palmas de sus manos
para escuchar y recibir las palabras del Buda.
La vida de este Buda durará
doce kalpas menores;
su Ley Correcta prevalecerá en el mundo
durante veinte kalpas menores,
y su Ley Falsa
durante otros veinte.

En ese momento, el Honrado por el Mundo habló una vez más a la multitud de monjes:
—Ahora os anuncio lo siguiente. Gran Katyayana, aquí presente, en futuras existencias ofrendará diversos objetos y prestará servicio a ocho mil millones de budas, a quienes honrará y reverenciará. Cuando esos budas hayan pasado a la extinción, en memoria de cada uno erigirá una torre con- memorativa de mil yojanas de altura y exactamente quinientos yojanas de ancho y de profundidad. Y estará construida de oro, plata, lapislázuli, nácar, ágata, perlas y cornalina, en bella combinación de estos siete materiales preciosos. A estas torres recordatorias les ofrendará flores, collares, incienso en pasta, incienso en polvo, incienso para quemar, doseles de seda, estandartes y gallardetes. Y cuando haya realizado todo esto, una vez más dará ofrendas a veinte mil millones de budas, repitiendo todo el procedimiento.
»Habiendo ofrendado a todos los budas, completará el Camino del bodisatva y llegará a ser un buda llamado El Que Así Llega Luz de Oro Jambunada, digno de ofrendas, de conocimiento recto y universal, de perfecta claridad y conducta, bien encaminado, conocedor del mundo, sabio sin parangón, mentor de la gente, maestro de seres humanos y celestiales, Buda, Honrado por el Mundo.
»Su tierra será plana y suave, y el suelo será de cristal, adornado de árboles cuajados de gemas y con caminos delimitados por cuerdas de oro. Espléndidas flores cubrirán la tierra, y todo será puro y limpio, y hará regocijar a cuantos lo contemplen. Y allí no existirán los cuatro malos senderos de la existencia: ni el infierno ni el reino de los espíritus hambrientos; ni el de los animales ni el de los asuras. Habrá un sinfín de seres humanos y celestiales, y multitud de personas que escuchan la voz, y bodisatvas en innumerables decenas de miles de millones, que adornarán la tierra. La vida de este Buda durará doce kalpas menores, su Ley Correcta prevalecerá en el mundo durante veinte kalpas menores; y su Ley Falsa, durante otros veinte.
En ese momento, el Honrado por el Mundo, deseoso de manifestar su intención una vez más, habló en verso y dijo:

—Vosotros, multitud de monjes,
escuchad todos con un único pensamiento,
pues en aquello que os digo
nada hay que se aparte de la verdad.
Aquí, Katyayana
dará diversas clases
de objetos bellos y espléndidos
como ofrenda a los budas.
Y cuando los budas hayan entrado en la extinción,
erigirá torres de los siete tesoros
y consagrará flores e incienso
como ofrenda a sus reliquias.
Y en su encarnación final
obtendrá la sabiduría del Buda
y logrará una iluminación correcta e imparcial.
Su tierra será pura e inmaculada;
salvará a innumerables
decenas de miles de millones de seres
y recibirá ofrendas
de las diez direcciones.
Y nadie podrá equiparar
el resplandor de este Buda.
Su título será
Luz de Oro Jambunada,
y su tierra estará adornada de
incontables  e inconmensurables
bodisatvas y discípulos que escuchan la voz,
que habrán segado toda forma de existencia.

En ese momento, el Honrado por el Mundo volvió a hablar a la gran asamblea:
—Ahora os digo lo siguiente. Gran Maudgalyayana, aquí presente, dará diversas clases de ofrendas a ocho mil budas, y los honrará y reverenciará.
Cuando esos budas hayan pasado a la extinción, en memoria de cada uno erigirá una torre conmemorativa de mil yojanas de altura y exactamente quinientos yojanas de ancho y de profundidad. Y estará construida de oro, plata, lapislázuli, nácar, ágata, perlas y cornalina, en bella combinación de estos siete materiales preciosos. A estas torres recordatorias les ofrendará flores, collares, incienso en pasta, incienso en polvo, incienso para quemar, doseles de seda, estandartes y gallardetes. Y cuando haya realizado todo esto, una vez más dará ofrendas a dos billones de budas, repitiendo todo el procedimiento.
»Llegará a ser un buda llamado El Que Así Llega Hoja de Tamala Fragancia de Sándalo, digno de ofrendas, de conocimiento recto y universal, de perfecta claridad y conducta, bien encaminado, conocedor del mundo, sabio sin parangón, mentor de la gente, maestro de seres humanos y celestiales, Buda, Honrado por el Mundo. Su kalpa se conocerá como Pleno de Dicha, y su reino se llamará Deleite de la Mente. La tierra será plana y suave, y el suelo será de cristal, adornado de árboles cuajados de gemas con flores de perlas esparcidas a su alrededor; todo será puro y limpio, y hará regocijar a cuantos lo contemplen. Y habrá numerosos seres humanos y celestiales, y bodisatvas y discípulos que escuchan la voz en cantidad inmensurable. La vida de este Buda durará veinticuatro kalpas menores, su Ley Correcta prevalecerá en el mundo durante cuarenta kalpas menores; y su Ley Falsa, durante otros cuarenta.
En ese momento, el Honrado por el Mundo, deseoso de manifestar su intención una vez más, habló en verso y dijo:

—Este discípulo mío,
Gran Maudgalyayana,
cuando haya abandonado su cuerpo actual
podrá ver a ochocientos veinte billones
de budas, Honrados por el Mundo.
En pos del Camino del Buda,
les dará ofrendas, los honrará y reverenciará.
Donde se encuentren estos budas,
él llevará a cabo constantes prácticas de Brahma

y durante kalpas inmensurables
mantendrá y abrazará la Ley de los budas.
Y cuando estos budas hayan pasado a la extinción,
erigirá torres de los siete tesoros

con objetos de oro que señalarán su emplazamiento por toda la
eternidad,
y presentará flores, incienso y música
a guisa de ofrenda
en las torres erigidas en memoria de los budas.
Paso a paso, cumplirá
todos los deberes del Camino del bodisatva
y, en una tierra llamada Deleite de la Mente,
llegará a ser un buda
conocido como Hoja de Tamala
Fragancia de Sándalo.
La duración de la vida de este Buda
será de veinticuatro kalpas.
Constantemente, en bien de los seres humanos y celestiales
expondrá el Camino del Buda;
y un sinfín de discípulos que escuchan la voz,
innumerables como los granos de arena del Ganges,
desplegarán gran virtud y autoridad,
con las tres comprensiones y los seis poderes trascendentales.
Habrá incontables bodisatvas
de firme voluntad y esfuerzo diligente,
que jamás retrocederán
con respecto a la sabiduría del Buda.
Cuando ese Buda haya pasado a la extinción,
su Ley Correcta prevalecerá
durante cuarenta kalpas menores,
y lo mismo durará su Ley Falsa.
Mis diversos discípulos,
plenamente dotados de virtud y dignidad,
ascenderán a quinientos
y cada uno de ellos recibirá una profecía como esta.
Y en una existencia futura,
todos podrán manifestar la  Budeidad.
Ahora procederé a predicar
acerca de la relación entre vosotros y yo
en las existencias pasadas.
Debéis escuchar con atención.

7 LA PARÁBOLA DE LA CIUDAD FANTASMA

El Buda hizo este anuncio a los monjes:
—Una vez, en el pasado, hace un inconmensurable, ilimitado, inconcebible número de asamkhya de kalpas, vivió un buda llamado El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal, digno de ofrendas, de conocimiento recto y universal, de perfecta claridad y conducta, bien encaminado, conocedor del mundo, sabio sin parangón, mentor de la gente, maestro de seres humanos y celestiales, Buda, Honrado por el Mundo. Su tierra llevaba el nombre de Bien Constituida, y su kalpa era conocido como Gran Forma.
»Ahora bien, monjes, desde que ese Buda pasó a la extinción transcurrió un tiempo muy largo, sumamente largo. Suponed, por ejemplo, que alguien tomara todas las partículas de tierra que forman los grandes sistemas planetarios y las moliera para hacer tinta en polvo. Suponed que se encaminara en dirección al este, y que al dejar atrás mil tierras, dejara caer un grano de tinta en polvo no más grande que una ínfima mota. Y que nuevamente pasara por mil tierras y dejara caer otro grano de tinta. Suponed que procediera de ese modo hasta haber dejado caer todos los granos de tinta hechos de partículas de polvo. ¿Cuál es vuestra opinión? ¿Pensáis que, con respecto a esos mundos, los maestros del cálculo o los discípulos de los maestros del cálculo podrían determinar el número de tierras que ha recorrido en el transcurso del proceso, o que no serían capaces de estimarlo?
—Sería un cálculo imposible, Honrado por el Mundo.
—Ahora, monjes, suponed que uno tomara la tierra de todos los mundos por los que hubiera pasado este hombre, ya sea que hubiese arrojado un grano de tinta en ellos o no, y los moliera en polvo. Y suponed que una partícula de polvo representara un kalpa.

Los kalpas transcurridos desde que aquel Buda entró en la extinción seguirían siendo inconmensurables, ilimitados, cientos, miles, decenas de miles, millones de asamkhyas de kalpas más numerosos que la cantidad de estas partículas de polvo. Pero como empleo el poder de El Que Así Llega para ver y conocer, cuando examino ese tiempo lejano siento como si fuera hoy.
En ese momento, el Honrado por el Mundo, deseoso de manifestar su intención una vez más, habló en verso y dijo:

—Cuando pienso en ello, en el pasado,
hace inconmensurables, ilimitados kalpas,
vivió un buda, el más honorable de los seres con dos piernas,
llamado Excelencia de la Gran Sabiduría Universal.
Si una persona usara sus fuerzas para aplastar
el suelo del gran sistema planetario,
triturara sus partículas de tierra
y las redujera a todas a tinta en polvo,
y si al pasar por mil tierras
dejara caer un grano,
repitiendo el proceso
hasta haber acabado con todas las motas de polvo,
y si entonces uno tomara la tierra de todos los mundos por los que
hubiera pasado,
ya sea que hubiese dejado caer un grano de tinta o no,
y una vez más moliera la tierra en polvo,
y luego considerara que un grano de este polvo equivale a un kalpa,
la cantidad de partículas de todo ese polvo sería inferior
al número de kalpas transcurridos desde el pasado en que vivió ese
Buda.
Desde que ese Buda pasó a la extinción,
los kalpas transcurridos fueron tan inconmensurables como esos.
El Que Así Llega conoce, con su sabiduría irrestricta,
el tiempo en que ese Buda pasó a la extinción,
y a los que escuchan la voz y a los bodisatvas,
como si estuviera presenciando esa extinción en este instante preciso.
Debéis entender, monjes,
que la sabiduría del Buda es pura, sutil, maravillosa,
libre de desbordamientos y de  impedimentos,
capaz de llegar y de penetrar kalpas inconmensurables.

El Buda anunció a los monjes:
—La vida del buda Excelencia de la Gran Sabiduría Universal duró cinco billones cuatrocientos mil millones de nayutas de kalpas. Este Buda, al principio, se sentó en el lugar de la iluminación y, habiendo aplastado los ejércitos del demonio, se vio a punto de alcanzar la iluminación suprema y perfecta, pero la Ley de los budas no se presentaba ante él. Y así continuaron las cosas durante un kalpa menor, y luego durante otros diez kalpas como ese. El Buda permanecía sentado, con las piernas cruzadas, inmóviles el cuerpo y la mente, pero la Ley de los budas seguía sin presentársele.
»Entonces, los seres celestiales del cielo de las treinta y tres deidades habían extendido, con anterioridad, bajo un árbol bodhi un sitial de león para el Buda, de un yojana de altura, con la intención de que él se sentara allí cuando alcanzara la iluminación suprema y perfecta. En ese momento, tan pronto como el Buda tomó asiento en dicho sitial, los reyes del cielo de Brahma hicieron llover una miríada de flores celestiales que cubrió el suelo cien yojanas a la redonda. De tanto en tanto, se levantaba una brisa fragante que dispersaba los pétalos marchitos, tras lo cual volvían a llover flores frescas. Y esta ofrenda al Buda continuó sin interrupción a lo largo de diez kalpas menores. Hasta el instante en que entró en la extinción, las flores no cesaron de caer. Como ofrenda al Buda, los cuatro reyes celestiales batieron tambores celestiales en forma incesante, mientras que los demás seres de su clase tocaban instrumentos celestiales, y todo ello durante diez kalpas menores. Y esto fue lo que aconteció, hasta que ese Buda entró en la extinción.
»Pues bien, monjes, el buda Excelencia de la Gran Sabiduría Universal pasó diez kalpas menores en este estado hasta que, por fin, la Ley de los budas se presentó ante él y pudo lograr la iluminación suprema y perfecta. Antes de que este Buda abandonara su vida como jefe de familia, tenía dieciséis hijos, el primero de los cuales llamábase Sabiduría Acumulada. Cada uno de estos hijos tenía diversas clases de objetos extraordinarios y juguetes de las más raras variedades, pero cuando supieron que su pa- dre había logrado la iluminación suprema y perfecta, desecharon todos sus extraordinarios objetos y fueron adonde se encontraba el Buda. Y sus madres, llorando, a la zaga los acompañaron.
»Su abuelo, un venerable rey que hacía girar la rueda, y cien altos mi- nistros, sumados a cien, mil, diez mil, un millón de súbditos, rodearon a los hijos y los siguieron hasta el lugar de la iluminación, todos deseando estar próximos a El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal, entregarle ofrendas, rendirle honores, venerarlo y alabarlo.
Al llegar, inclinaron la cabeza haciendo una profunda reverencia ante los pies del Buda. Y cuando terminaron de rodearlo, unieron las palmas de sus manos con un único pensamiento, contemplaron con reverencia al Honrado por el Mundo y recitaron estos versos de alabanza:

—El Honrado por el Mundo, con su gran virtud y autoridad,
para salvar a los seres vivos
pasó inconmensurables millones de años
hasta que, por fin, logró ser un buda.
Todos tus votos se han cumplido.
¡Está muy bien! ¡No podría haber mayor buena fortuna!
Es muy extraordinario encontrarse con el Honrado por el Mundo;
habiendo él tomado asiento, pasaron diez kalpas menores.
Su cuerpo y sus manos y pies
yacen impasibles e inmóviles,
y su mente, plácida y en calma imperturbable,
no se altera ni se inmuta.
Por fin, logra la eterna tranquilidad y la extinción,
y descansa en la Ley sin desbordamientos.
Ahora que observamos al Honrado por el Mundo
con tranquilidad, habiendo completado el Camino del Buda,
obtenemos  excelentes beneficios
y lo felicitamos y admiramos con júbilo inmenso.
Los seres vivos sobrellevan angustias y sufrimientos constantes,
a oscuras, sin guía ni maestro,
sin comprender que hay una forma de terminar con la aflicción,
sin saber cómo buscar la emancipación.
Durante la extensa noche, se obstinan tras las malas sendas
haciendo que se reduzca la cantidad de seres celestiales;
salen de la oscuridad para internarse en las tinieblas,
y así hasta el final, sin escuchar ni una vez el nombre del Buda.
Pero ahora el Buda ha logrado lo insuperable,
la tranquilidad de la Ley sin desbordamientos.
Nosotros, y los seres humanos y celestiales,
hemos obtenido el mayor de los beneficios.
Por esta razón inclinamos la cabeza
y consagramos nuestra vida a aquel de honor incomparable.

»En ese momento, habiendo ensalzado al Buda con estos versos, los dieciséis príncipes urgieron al Honrado por el Mundo que hiciera girar la rueda de la Ley, expresando estas palabras al unísono: “¡Predica la Ley, Honrado por el Mundo! ¡Si lo haces, infundirás en gran medida sosiego, consuelo y beneficios a los seres humanos y celestiales!”. Y entonces repitieron su petición con estos versos:

—Incomparable Héroe del Mundo,
tú que te adornas de un centenar de beneficios
y has alcanzado la sabiduría insuperable;
te suplicamos que prediques en bien del mundo.
¡Sálvanos y libéranos
a nosotros y a otras clases de seres!
Establece  distinciones, ilumínanos
y permítenos alcanzar esta sabiduría.
Si podemos lograr la Budeidad,
todos los seres vivos también podrán hacerlo.
Honrado por el Mundo, conoces los pensamientos
que los seres albergan en lo más profundo de su mente.
Conoces los senderos que transitan
y el grado de fortaleza de su sabiduría,
sus placeres, los beneficios que han cultivado,
las acciones que han llevado a cabo en pasadas existencias.
Honrado por el Mundo, tú ya sabes todo esto...
¡Ahora debes hacer girar la rueda insuperable!

El Buda prosiguió relatando a los monjes:
—Cuando el buda Excelencia de la Gran Sabiduría Universal logró la iluminación suprema y perfecta, los cinco billones de mundos del Buda que había en cada una de las diez direcciones se estremecieron y temblaron de seis formas distintas. Los lugares oscuros y aislados que había en esas tierras, donde la luz del sol y de la luna jamás había podido penetrar, se iluminaron con un intenso resplandor, y todos los seres vivos pudieron verse unos a otros, y al hacerlo exclamaron: «¿Cómo es que los seres de pronto han cobrado existencia en este lugar?».
»Y también se estremecieron y temblaron de seis maneras distintas los palacios de los diversos reyes celestiales que había en esos lugares, y los palacios de Brahma, y por todas partes relumbró una intensa luz que colmó los mundos y superó la luminosidad del firmamento.
En ese momento, en los cinco billones de tierras situadas en dirección al este, los palacios de Brahma resplandecieron con una luz brillante que redoblaba su fulgor habitual, y cada uno de los reyes del cielo de Brahma pensó: “El resplandor del palacio nunca antes había sido tan grande. ¿A qué podrá deberse este fenómeno?”.
»En ese momento, los reyes del cielo de Brahma se visitaron unos a otros para debatir este asunto. Entre ellos había un gran rey del cielo de Brahma llamado Salvador de Todos, quien en nombre de la multitud de sus pares recitó estos versos:

—Nuestros palacios brillan con un resplandor
nunca antes visto.
¿Cuál es la causa que lo provoca?
Cada uno de nosotros busca una respuesta.
¿Será porque ha nacido algún ser celestial de gran virtud,
o porque ha aparecido un buda en este mundo
que esta intensa luz deslumbrante
fulgura en las diez direcciones?

»En ese momento, cada uno de los reyes del cielo de Brahma de los cinco billones de tierras se quitó la túnica que llevaba encima y la llenó de flores celestiales; y todos, acompañados de sus palacios, viajaron juntos hasta la región occidental para observar los signos que allí se producían. Vieron a El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal en el lugar de la iluminación, sentado en un sitial de león bajo un árbol bodhi, rodeado de seres celestiales, reyes dragones, gandharvas, kimnaras, mahoragas, seres humanos y no humanos, que le rendían homenaje. Y vieron a los dieciséis príncipes suplicar al Buda que hiciera girar la rueda de la Ley.
»De inmediato, los reyes del cielo de Brahma inclinaron la cabeza haciendo una profunda reverencia ante los pies del Buda; cien mil veces formaron un círculo a su alrededor y, entonces, tomaron las flores celes- tiales y las esparcieron sobre el Buda. Y las flores que dejaron caer forma- ron una pila tan alta como el monte Sumeru. Y también las entregaron como ofrenda al árbol bodhi del Buda que tenía diez yojanas de altura. Cuando terminaron de depositar su ofrenda floral, cada uno tomó su palacio y se lo entregó al Buda con estas palabras: “Esperamos que nos brindes consuelo y beneficios. Te suplicamos que aceptes y ocupes estos palacios que te obsequiamos”.
»En ese momento, en presencia del Buda, los reyes del cielo de Brahma, con un único pensamiento y al unísono, recitaron estos versos de alabanza:

—Honrado por el Mundo, con quien uno rara vez se encuentra
y a quien tan difícil es llegar a conocer,
dotado de beneficios incalculables,
capaz de salvar a todos,
gran maestro de seres humanos y de seres celestiales,
tú brindas al mundo piedad y consuelo.
Los seres vivos de las diez direcciones
reciben beneficios por  doquier.
En los cinco billones de tierras
de las cuales provenimos,
hemos apartado el gozo de la profunda meditación
para hacer ofrendas al Buda.
Gracias a la buena fortuna acumulada en existencias pasadas,
nuestros palacios están ricamente  ornamentados.
Pero ahora se los obsequiamos al Honrado por el Mundo,
suplicándole que tenga la bondad de aceptarlos.

»En ese momento, cuando los reyes del cielo de Brahma terminaron de ensalzar al Buda en verso, todos y cada uno dijeron: “¡Imploramos al Honrado por el Mundo que haga girar la rueda de la Ley, que salve a los seres vivos y que abra el camino al nirvana!”.
»Entonces, los reyes del cielo de Brahma, con un único pensamiento, unieron sus voces y recitaron estos versos:

—Héroe del Mundo, el más honorable de los seres con dos piernas,
te rogamos que expongas la Ley.
Mediante el poder de tu gran compasión y de tu piedad,
¡salva a los seres sumidos en el dolor y la angustia!

»En ese momento, El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal accedió en silencio a hacerlo. Ahora bien, monjes, en los cinco billones de tierras que había en dirección al sudeste, cada uno de los reyes del cielo de Brahma observó que su palacio brillaba con un deslumbrante resplandor que nunca habían visto en el pasado.
Danzando de alegría, halláronse en un estado mental que pocas veces habían experimentado, y decidieron visitarse unos a otros para discutir la cuestión entre todos.
»En ese momento, en la asamblea había un gran rey del cielo de Brahma llamado Gran Amor Compasivo, quien en nombre de la multitud de sus pares habló así en verso:

—¿Qué  causa interviene
para manifestar semejante signo?
Nuestros palacios emiten un resplandor
nunca  antes contemplado.
¿Será porque ha nacido algún ser celestial de gran virtud,
o porque ha aparecido un buda en este mundo?
Nunca antes hemos visto esta señal,
y con un único pensamiento ansiamos saber la razón.
Aunque debamos viajar a un millar, a diez millares,
a un millón de tierras, juntos indagaremos la causa de esta luz.
Probablemente se deba a que un buda ha aparecido en este mundo
para salvar a los seres de su sufrimiento.

»En ese momento, cada uno de los cinco billones de reyes del cielo de Brahma se quitó la túnica que llevaba encima y la llenó de flores celestiales; y todos, acompañados de sus palacios, viajaron juntos hasta la región noroccidental para observar signos que allí se producían. Vieron a El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal en el lugar de la iluminación, sentado en un sitial de león bajo un árbol bodhi, rodeado de seres celestiales, reyes dragones, gandharvas, kimnaras, mahoragas, seres humanos y no humanos, que le rendían homenaje. Y vieron a los dieciséis príncipes suplicar al Buda que hiciera girar la rueda de la Ley.
»De inmediato, los reyes del cielo de Brahma inclinaron la cabeza haciendo una profunda reverencia ante los pies del Buda, cien mil veces formaron un círculo a su alrededor y, entonces, tomaron las flores celestiales y las esparcieron sobre el Buda. Y las flores que dejaron caer formaron una pila tan alta como el monte Sumeru. Y también las entregaron como ofrenda al árbol bodhi del Buda. Cuando terminaron de depositar su ofrenda floral, cada uno tomó su palacio y se lo entregó al Buda diciendo estas palabras: “Esperamos que nos brindes consuelo y beneficios.
Te suplicamos que aceptes y ocupes estos palacios que te obsequiamos”.

»En ese momento, en presencia del Buda, los reyes del cielo de Brahma, con un único pensamiento y al unísono, recitaron estos versos de alabanza:

—Venerable señor, ser celestial entre los seres celestiales,
de voz como la del ave kalavinka,
tú que te condueles de los seres vivos y los reconfortas,
te rendimos honor y pleitesía.
Es muy extraordinario encontrar al Honrado por el Mundo,
quien solo aparece una vez en muchas y largas eras.
Ciento ochenta kalpas
han pasado en vano sin un buda,
en que los tres malos senderos han cundido por doquier
y ha decrecido la multitud de seres celestiales.
Ahora el Buda ha aparecido en este mundo
para ser el ojo de los seres vivos.
El mundo lo buscará presuroso
y él los salvará y los custodiará, a uno y a todos.
Será como un padre para los seres vivos,
y los reconfortará y les brindará beneficios.
Nosotros, gracias a la buena fortuna de existencias pasadas,
ahora hemos podido encontrar al Honrado por el Mundo.

»En ese momento, cuando los reyes del cielo de Brahma hubieron recitado esos versos de alabanza al Buda, pronunciaron estas palabras: “Suplicamos al Honrado por el Mundo que se conduela de uno y de todos, y que nos reconforte; que haga girar la rueda de la Ley y salve a los seres”.
»Entonces, los reyes de Brahma, con un único pensamiento y al unísono, recitaron estos versos:

—Gran venerable, haz girar la rueda de la Ley,
revela las características de todos los fenómenos,
salva a los seres sumidos en la angustia y el sufrimiento,
 hazles conocer el júbilo inmenso.
Cuando los seres vivos oigan esta Ley,
obtendrán el Camino o renacerán en el cielo;
menguará el número de los que viven en los malos senderos
y medrará el de aquellos que perseveran en el bien.

»En ese momento, El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal accedió en silencio a hacerlo. Ahora bien, monjes, en los cinco billones de tierras que había en dirección al sur, cada uno de los reyes del cielo de Brahma observó que su palacio brillaba con un deslumbrante resplandor que nunca habían visto en el pasado. Danzando de alegría, halláronse en un estado mental que pocas veces habían experimentado, y decidieron visitarse unos a otros para discutir la cuestión entre todos, preguntándose: “¿Por qué razón nuestros palacios emiten esta luz brillante?”.
»Entre ellos había un gran rey del cielo de Brahma llamado Ley Maravillosa, quien, en nombre de la multitud de sus pares, habló así en verso:

—Nuestros palacios
brillan con fulgor deslumbrante,
y esto no puede ocurrir sin razón;
por eso está bien que indaguemos.
En los cien mil kalpas transcurridos
nunca hemos visto una señal así.
¿Será porque ha nacido algún ser celestial de gran virtud,
o porque ha aparecido un buda en el mundo?

»En ese momento, cada uno de los cinco billones de reyes del cielo de Brahma se quitó la túnica que llevaba encima y la llenó de flores celestiales; y todos, acompañados de sus palacios, viajaron juntos hasta la región septentrional para observar los signos que allí se producían. Vieron a El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal en el lugar de la iluminación, sentado en un sitial de león bajo un árbol bodhi, rodeado de seres celestiales, reyes dragones, gandharvas, kimnaras, mahoragas, seres humanos y no humanos, que le rendían homenaje. Y vieron a los dieciséis príncipes suplicar al Buda que hiciera girar la rueda de la Ley.
»De inmediato, los reyes del cielo de Brahma inclinaron la cabeza haciendo una profunda reverencia ante los pies del Buda, cien mil ve- ces formaron un círculo a su alrededor y, entonces, tomaron las flores celestiales y las esparcieron sobre el Buda. Y las flores que dejaron caer formaron una pila tan alta como el monte Sumeru.
Y también las entregaron como ofrenda al árbol bodhi del Buda. Cuando terminaron de depositar su ofrenda floral, cada uno tomó su palacio y se lo entregó al Buda diciendo estas palabras: “Esperamos que nos brindes consuelo y beneficios. Te suplicamos que aceptes y ocupes estos palacios que te obsequiamos”.
»En ese momento, en presencia del Buda, los reyes del cielo de Brahma, con un único pensamiento y al unísono, recitaron estos versos de alabanza:

—Honrado por el Mundo, a quien tanto cuesta encontrar,
destructor de todos los deseos mundanos,
después de ciento treinta kalpas transcurridos,
por fin ahora podemos verte.
Los seres vivos, hambrientos y sedientos,
se sacian con la lluvia del Dharma.
Este, como nunca antes se viera,
de sabiduría inconmensurable,
como la flor del udumbara,
es el que hoy, al fin, directamente ante nosotros se muestra.
Nuestros palacios, que han recibido tu luz,
están espléndidamente adornados.
Pero, Honrado por el Mundo,
dueño de gran amor compasivo y piedad,
te rogamos que los aceptes.

»En ese momento, cuando los reyes del cielo de Brahma hubieron recitado esos versos de alabanza al Buda, pronunciaron estas palabras: “Suplicamos al Honrado por el Mundo que haga girar la rueda de la Ley y permita adquirir paz y tranquilidad, y acceder a la salvación a los seres celestiales, demonios, reyes del cielo de Brahma, shramanas y brahmanes del mundo entero”.
»Entonces, los reyes del cielo de Brahma, con un único pensamiento y al unísono, recitaron estos versos de alabanza:

—Suplicamos al más honorable de los seres celestiales y humanos
que haga girar la rueda de la Ley insuperable.
¡Tú, bate el gran tambor del Dharma,
sopla la gran caracola del Dharma,
haz llover en derredor la gran lluvia del Dharma
para salvar a infinidad de seres!
¡A ti dirigimos toda nuestra fe y nuestros ruegos:
que resuene tu voz profunda y potente!

»En ese momento, El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal accedió en silencio a hacerlo. Y una similar sucesión de acontecimientos se produjo de la región meridional a la región del nadir.
»Entonces, en la región cenital, los reyes del cielo de Brahma de los cinco billones de tierras observaron que los palacios donde residían brillaban con un deslumbrante resplandor que nunca habían visto en el pasado. Danzando de alegría, halláronse en un estado mental que pocas veces habían experimentado, y decidieron visitarse unos a otros para debatir la cuestión entre todos, preguntándose: “¿Por qué razón nuestros palacios emiten esta luz brillante?”.
»Entre ellos había un gran rey del cielo de Brahma llamado Shikhin, quien, en nombre de la multitud de sus pares, habló así en verso:

—¿Cuál es la razón
de que nuestros palacios
brillen y relumbren con tal autoridad y virtud,
adornados como nunca antes?
Jamás habíamos visto u oído
un signo prodigioso de esta clase.
¿Será porque ha nacido algún ser celestial de gran virtud,
o porque ha aparecido un buda en el mundo?

»En ese instante, cada uno de los cinco billones de reyes del cielo de Brahma se quitó la túnica que llevaba encima y la llenó de flores celestiales; y todos, acompañados de sus palacios, viajaron juntos hasta la región del nadir para observar los signos que allí se producían. Vieron a El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal en el lugar de la iluminación sentado en un sitial de león bajo un árbol bodhi, rodeado de seres celestiales, reyes dragones, gandharvas, kimnaras, mahoragas, seres humanos y no humanos, que le rendían homenaje. Y vieron a los dieciséis príncipes suplicar al Buda que hiciera girar la rueda de la Ley.

»De inmediato, los reyes del cielo de Brahma inclinaron la cabeza haciendo una profunda reverencia ante los pies del Buda, cien mil veces formaron un círculo a su alrededor. Luego tomaron las flores celestiales y las esparcieron sobre el Buda. Y las flores que dejaron caer formaron una pila tan alta como el monte Sumeru. Y también las entregaron como ofrenda al árbol bodhi del Buda. Cuando terminaron de depositar su ofrenda floral, cada uno tomó su palacio y se lo entregó al Buda con estas palabras: “Esperamos que nos brindes consuelo y beneficios. Te suplicamos que aceptes y ocupes estos palacios que te obsequiamos”.
»En ese momento, en presencia del Buda, los reyes del cielo de Brahma, con un único pensamiento y al unísono, recitaron estos versos de alabanza:

—¡Qué magnífico que podamos ver a los budas,
venerables y dignos seres que salvan al mundo,
capaces de rescatar y de liberar a los seres vivos
del infierno de los tres mundos!
Venerado entre los seres humanos y celestiales, de sabiduría
universal,
te condueles y amas compasivamente a la masa de criaturas que se
multiplican,
eres capaz de abrir los portales del dulce rocío
y de salvar ampliamente a todos y cada uno.
Anteriormente,  incalculables kalpas
habían pasado en vano sin que el Buda estuviera presente.
Aún no era tiempo de que adviniera el Honrado por el Mundo,
y por eso las diez direcciones vivían sumidas en constantes tinieblas.
Aumentó el número de seres en los tres malos senderos
y floreció el reino de los asuras;
menguó la multitud de seres celestiales
y muchos, al morir, cayeron en las sendas del mal.
Y como nadie podía escuchar la enseñanza de un buda,
las personas ingresaron sin cesar en caminos que no eran buenos,
y su sabiduría y su vigor físico
no hicieron más que declinar y disminuir.
Por las faltas que habían cometido,
perdieron el placer o la idea de placer;
depositaron su confianza en doctrinas erróneas
y desconocieron las buenas reglas y usanzas.
Incapaces de ser convertidos por un buda,
constantemente los seres caían en las sendas del mal.
Pero ahora, después de tan largo tiempo,
por fin has llegado, Buda, para ser el ojo del mundo.
Te has presentado en esta tierra
para brindar consuelo y piedad a los seres.
Has trascendido el mundo para adquirir la iluminación correcta,
y por eso nos colmas de admiración y de deleite.
Nosotros y los demás integrantes de la asamblea nos alborozamos
y disfrutamos de algo que no habíamos conocido antes.
Nuestros palacios, que han recibido tu luz,
están espléndidamente adornados.
Pero ahora te los obsequiamos, Honrado por el Mundo,
esperando que te apiades y los aceptes.
Suplicamos que el mérito acumulado gracias a estas ofrendas
se extienda a lo ancho y a lo largo, a todas las personas,
para que nosotros y los demás seres vivos
alcancemos juntos el Camino del Buda.

»En ese momento, cuando los cinco billones de reyes del cielo de Brahma hubieron recitado esos versos de alabanza al Buda, pronunciaron estas palabras: “Suplicamos al Honrado por el Mundo que haga girar la rueda de la Ley, que infunda paz y tranquilidad a muchos, y que salve a las multitudes”. Entonces, los reyes del cielo de Brahma volvieron a recitar, esta vez en verso:

—Honrado por el Mundo, haz girar la rueda de la Ley,
bate el tambor del Dharma del dulce rocío,
salva a los seres sumidos en la angustia y el sufrimiento,
¡abre el camino del nirvana y muéstranoslo!
Te  suplicamos que aceptes nuestros ruegos
y, con un sonido imponente, sutil y maravilloso,
brindes piedad y consuelo exponiendo la Ley que has practicado
durante  kalpas inconmensurables.

»En ese momento, El Que Así Llega Excelencia de la Gran Sabiduría Universal, habiendo escuchado las súplicas de los reyes del cielo de Brahma de las diez direcciones y de los dieciséis príncipes, inmediata- mente hizo girar tres veces la rueda de doce radios de la Ley. Ningún shramana, brahmán, ser celestial, demonio, rey Brahma u otro ser del mundo la había hecho jamás girar de ese modo. Y luego él dijo: “Aquí está el sufrimiento; aquí está el origen del sufrimiento, aquí está la aniquilación del sufrimiento, aquí está el camino hacia la aniquilación del sufrimiento”.
»Entonces, expuso ampliamente la doctrina de la cadena causal de doce eslabones: la ignorancia causa la acción; la acción causa la conciencia; la conciencia causa el nombre y la forma; el nombre y la forma causan los seis órganos sensoriales; los seis órganos sensoriales causan el contacto; el contacto causa la sensación; la sensación causa el deseo; el deseo causa el apego; el apego causa la existencia; la existencia causa el nacimiento; el nacimiento causa el envejecimiento y la muerte, las preocupaciones y aflicciones, el sufrimiento y la angustia. Si la ignorancia es erradicada, también se erradicará la acción. Si se erradica la acción, también se erradicará la conciencia. Si se erradica la conciencia, también se erradicarán el nombre y la forma. Si se erradican el nombre y la forma, también se erradicarán los seis órganos sensoriales. Si se erradican los seis órganos sensoriales, también se erradicará el contacto. Si se erradica el contacto, también se erradicará la sensación. Si se erradica la sensación, también será erradicado el deseo. Si el deseo es erradicado, también se erradicará el apego. Si se erradica el apego, también se erradicará la existencia. Si se erradica la existencia, también se erradicará el nacimiento. Si se erradica el nacimiento, también se erradicarán el envejecimiento, la muerte, las preocupaciones y aflicciones, el sufrimiento y la angustia.
»Cuando el Buda, en medio de la gran asamblea de seres humanos y celestiales, expuso esta doctrina, seis billones de nayutas de personas lograron la práctica de la profunda y prodigiosa meditación, adquirieron las tres comprensiones y los seis poderes trascendentales, y fueron dotadas de las ocho emancipaciones, porque habían dejado de aceptar todas las cosas del mundo fenoménico y porque su mente había podido alcanzar la liberación de los desbordamientos. Y cuando expuso la doctrina por segunda, tercera y cuarta vez, los seres equivalentes a diez billones de nayutas de arenas del Ganges pudieron liberar su mente de los desbordamientos, porque también ellos habían dejado de aceptar todas las cosas del mundo fenoménico. Y a partir de ese momento, la multitud de discípulos que escuchaban la voz pasó a ser inconmensurable, ilimitada, incapaz de ser calculada.
»En ese momento, los dieciséis príncipes renunciaron a sus familias, aun siendo muy jóvenes, y se convirtieron en shramaneras, todos de facultades agudas y penetrantes, y de sabiduría brillante y abarcadora. Ya en el pasado habían hecho ofrendas a mil billones de budas; habían llevado a cabo prácticas de Brahma en forma impecable, y se habían esforzado en pos de la iluminación suprema y perfecta. Y entonces, todos ellos hablaron conjuntamente al Buda con estas palabras: “Honrado por el Mundo, todos estos miles, innumerables decenas de miles, millones de discípulos que escuchan la voz, de gran virtud, ya han logrado el éxito. Honrado por el Mundo, ahora es pertinente que prediques la Ley de la iluminación suprema y perfecta en nuestro beneficio, para que, habiéndola escuchado, todos podamos unirnos en su práctica y su estudio. Honrado por el Mundo, estamos resueltos a adquirir la introspección de El Que Así Llega. En lo profundo de nuestra mente albergamos este deseo, como el mismo Buda seguramente ha de saber”.
»En ese momento, los ochenta mil millones de personas de la asamblea, guiados por el venerable rey que hacía girar la rueda, al observar que los dieciséis príncipes habían renunciado a sus familias para ingresar en la vida religiosa, anhelaron hacer lo mismo. Y el venerable rey les dio permiso para que actuaran como deseaban.
»Fue entonces cuando el Buda, en respuesta a los ruegos de los shramaneras, dejó que pasaran veinte mil kalpas y a continuación, por fin, en medio de las cuatro clases de creyentes, predicó este sutra del gran vehículo titulado el Loto de la Ley prodigiosa, una enseñanza para instruir a los bodisatvas, custodiada y conservada en la memoria por los budas. Cuando hubo predicado el sutra, los dieciséis shramaneras, en bien de la iluminación suprema y perfecta, lo aceptaron y lo abrazaron, lo recitaron y lo entonaron, lo penetraron y lo comprendieron.
»Cuando el Buda hubo predicado el sutra, los dieciséis bodisatvas shramaneras adoptaron la fe en él y lo aceptaron, y entre la multitud de discípulos que escuchaban la voz también hubo quienes creyeron en él y lo comprendieron. Pero los otros seres vivos, pertenecientes a diez billones de clases distintas, se entregaron a la duda y a la perplejidad.
»El Buda predicó este sutra durante ocho mil kalpas, sin jamás detenerse una sola vez a descansar. Cuando lo hubo predicado, entró en un recinto silencioso y se entregó a la meditación durante ochenta y cuatro mil kalpas.

»En ese momento, cada uno de los dieciséis bodisatvas shramaneras, consciente de que el Buda había entrado en un recinto y se hallaba meditando serenamente, ascendió a un sitial del Dharma y, del mismo modo, durante ochenta y cuatro mil kalpas, en bien de las cuatro clases de creyentes, predicó ampliamente y analizó el Sutra del loto de la Ley prodigiosa. De esa forma, cada uno de ellos, uno a uno, fue salvando a seres vivos en cantidad equivalente a seis billones de nayutas de granos de arena del río Ganges, instruyéndolos, brindándoles beneficios y alegría, y haciendo que su mente resolviera lograr la iluminación suprema y perfecta.
»Después de pasar de este modo ochenta y cuatro mil kalpas, el buda Excelencia de la Gran Sabiduría Universal salió de su samadhi y se aproximó al sitial del Dharma. Sentándose en calma, con estas palabras se dirigió a la totalidad de la gran asamblea: “Estos dieciséis bodisatvas shramaneras son de una especie muy difícil de hallar; sus facultades son agudas y penetrantes, y su sabiduría es brillante y abarcadora. Ya en el pasado habían entregado ofrendas a inconmensurables miles, decenas de miles, millones de budas. En compañía de esos budas, han llevado constantemente a cabo prácticas de Brahma, han recibido y adoptado la sabiduría del Buda, y la han expuesto a los seres vivos, permitiéndoles entrar en ella. Todos vosotros debéis, de cuando en cuando, relacionaros estrechamente con ellos y darles ofrendas. ¿Por qué? Porque, si cualquiera de vosotros, bodisatvas, pratyekabuddhas o discípulos que escuchan la voz, podéis abrazar la fe en las enseñanzas del sutra predicadas por estos dieciséis bodisatvas, y aceptarlas y adoptarlas, sin desdeñarlas jamás, en tal caso podréis lograr la iluminación suprema y perfecta, la sabiduría de El Que Así Llega”.
El Buda dijo lo siguiente dirigiéndose a los monjes:
—Estos dieciséis bodisatvas han deseado constantemente exponer este Sutra del loto de la Ley prodigiosa. Los seres vivos convertidos por cada uno de estos bodisatvas son iguales en número a seis billones de nayutas de granos de arena del Ganges. Existencia tras existencia, estos seres vivos renacen en compañía de ese bodisatva, escuchan la Ley que él les expone, tienen fe en ella y la comprenden. Por esa razón, han podido encontrar a cuarenta mil millones de budas, Honrados por el Mundo, y jamás, hasta el día de hoy, han dejado de hacerlo.
»Y a vosotros, monjes, ahora os digo lo siguiente: estos discípulos del Buda, estos dieciséis shramaneras, todos han logrado la iluminación suprema y perfecta.
En la actualidad, se encuentran en las tierras de las diez direcciones predicando la Ley con incontables cientos, miles, decenas de miles, millones de bodisatvas y de discípulos que escuchan la voz, y que forman su comitiva. Dos de estos shramaneras han llegado a ser budas en la región oriental. Uno se llama Akshobhya, y vive en la Tierra de la Alegría. El otro se llama Pico Sumeru. Dos son budas en la región sudoriental: uno se llama Voz de León, y el otro, Apariencia de León. Dos son budas en la región meridional: uno se llama Morador del Vacío, y el otro, Por Siempre Extinguido. Dos son budas en la región sudoccidental: uno se llama Apariencia de Emperador, y el otro, Apariencia de Brahma. Dos son budas en la región occidental: uno se llama Amitayus, y el otro, Salvar a Todos de los Sufrimientos Mundanos. Dos son budas en la región noroccidental: uno se llama Poder Trascendental de Hoja de Tamala Fragancia de Sándalo, y el otro, Apariencia de Sumeru. Dos son budas en la región septentrional: uno se llama Libertad como Nube, y el otro, Rey de la Libertad como Nube. De los budas de la región nororiental, uno se llama Destruir Todos los Miedos Mundanos. Y el decimosexto soy yo, el buda Shakyamuni, quien ha logrado la iluminación suprema y perfecta en este mundo saha.
»Monjes, cuando yo y esos otros éramos shramaneras, cada uno de nosotros enseñó y convirtió a seres vivos numerosos como los inconmensurables cientos, miles, decenas de miles, millones de arenas del Ganges. Y ellos, habiendo escuchado de nosotros la Ley, pudieron lograr la iluminación suprema y perfecta. Algunos de esos seres hoy integran las filas de los discípulos que escuchan la voz. Pero nosotros los hemos instruido constantemente en la iluminación suprema y perfecta y, por ende, estas personas deberían ser capaces de entrar en el Camino del Buda mediante esta Ley, aunque sea a paso gradual. ¿Por qué lo digo? Porque la sabiduría de El Que Así Llega es difícil de creer y difícil de comprender. Los seres vivos iguales en número a interminables granos de arena del Ganges que fueron convertidos en ese momento sois vosotros, hoy monjes, y son también aquellos que, cuando yo haya entrado en la extinción, serán en eras venideras discípulos que escuchan la voz.
»Cuando yo haya entrado en la extinción, habrá otros discípulos que no escucharán este sutra y que no entenderán ni tendrán conciencia de las prácticas llevadas a cabo por los bodisatvas, pero quienes, gracias a los beneficios que han podido acumular, concebirán la idea de la extinción y entrarán en lo que considerarán el nirvana. En ese momento, yo seré un buda en otra tierra, y se me conocerá con un nombre distinto.
Esos discípulos que concibieron la idea de la extinción e ingresaron en lo que consideraban el nirvana, en esa otra tierra buscarán la sabiduría del Buda y podrán escuchar este sutra. Pues uno solo puede lograr la extinción mediante el vehículo del Buda. No hay otro vehículo, si uno exceptúa las diversas doctrinas que El Que Así Llega predica como medios hábiles.
»Monjes, si El Que Así Llega sabe que ha llegado el momento de entrar en el nirvana y sabe que los miembros de la asamblea son puros y limpios, de fe firme y de firme comprensión, exhaustivos en su entendimiento de la doctrina del vacío y profundamente avezados a la práctica de la meditación, él convocará a la asamblea de bodisatvas y de discípulos que escuchan la voz, y a ellos les predicará este sutra. En el mundo no hay dos vehículos mediante los cuales uno pueda lograr la extinción. Solo hay un vehículo del Buda, y uno solo, para lograr la extinción.
»Monjes, debéis comprender esto. El Que Así Llega escruta hasta lo más profundo la naturaleza de los seres vivos y por eso emplea medios hábiles. Sabe que la mente de los seres se deleita con doctrinas insignificantes y se apega hondamente a los cinco deseos. Y como son así, cuando él expone el nirvana lo hace de tal forma que las personas puedan creer en él y aceptarlo fácilmente.
»Suponed que hay un tramo de carretera en mal estado, de quinientos yojanas de largo, escarpado y de difícil tránsito, inhóspito y desierto, sin pobladores en las cercanías. En suma, un sitio pavoroso. Y suponed que hay numerosas personas que quieren recorrer ese camino para poder llegar a un lugar donde les aguardan fabulosos tesoros. Los viajeros tienen un líder de brillante sabiduría y de aguda comprensión, profundamente conocedor de esa ruta escarpada, familiarizado con el trazado de sus pasos y desfiladeros, y dispuesto a guiar al grupo de personas y acompañarlas a lo largo de este difícil terreno.
»Al cabo de un buen trecho, el grupo pierde el ánimo e informa a su líder: “Estamos exhaustos y despavoridos. Ya no podemos seguir avanzando. Pero como todavía falta una enorme distancia, preferiríamos dar la vuelta y regresar sobre nuestros pasos”.
»El líder, hombre de muchos recursos, piensa y se dice: “¡Es una lástima que renuncien a los muchos y fabulosos tesoros que venían buscando y que quieran dar la vuelta y regresar!”. Habiendo pensado de este modo, recurre al poder de medios hábiles y, cuando han caminado trescientos yojanas por esa senda escabrosa conjura la aparición de una ciudad.

Anuncia entonces al grupo: “¡No temáis! ¡No debéis regresar justo ahora, pues eso que veis ahí es una gran ciudad, donde podréis hacer un alto, descansar y pasar el tiempo como os venga en gana! Cuando entréis en esa ciudad, os sentiréis completamente a gusto y tranquilos. Y luego, si sentís que estáis en condiciones de proseguir hacia el lugar donde se encuentra el tesoro, podéis marcharos de la ciudad”.
»Entonces, los miembros de la comitiva, que antes estaban al borde del desmayo, se sienten revivir de alegría; comentan de viva voz el acontecimiento inesperado y dicen: “¡Ahora podremos escapar de este terrible camino y encontrar sosiego y  tranquilidad!”.
»Así, los viajeros deciden seguir avanzando y entran en la ciudad, donde, sintiendo que han sido salvados de sus desdichas, encuentran una sensación de completa calma y bienestar.
»En ese momento, el guía, sabiendo que los miembros de la partida han descansado y ya no tienen miedo o inquietud, deshace la ciudad fantasma y dice al grupo: “Ahora, poneos en marcha. Muy cerca está el lugar donde os aguardan los tesoros. Esta gran ciudad que visteis hace un rato era solo un espejismo que conjuré para que pudierais descansar”.
»Monjes, El Que Así Llega se encuentra en una posición semejante. En este momento es el gran líder de todos vosotros. Sabe que el camino penoso del nacimiento y la muerte y de los deseos mundanos es difícil, largo, escabroso y se interna a lo lejos, pero que debe ser transitado y recorrido hasta su fin. Si los seres vivos solo escuchan hablar del vehículo único del Buda, no querrán ver al Buda, no querrán acercarse a él, y de inmediato pensarán: “El Camino del Buda es largo y se interna a lo lejos; ¡para poder recorrerlo con éxito uno debe esforzarse con ahínco y sobrellevar dificultades durante un largo período!”.
»El Buda sabe que la mente de los seres es débil, vacilante e inferior; por eso, valiéndose del poder de medios hábiles, predica dos nirvanas, a fin de brindarles un lugar de descanso en mitad del camino. Si los seres vivos escogieran permanecer en estos dos escenarios, El Que Así Llega les diría: “No habéis comprendido aún lo que hay que hacer. Este escenario que habéis escogido para permanecer está muy cerca de la sabiduría del Buda. Pero debéis observar y ponderar más aún. Este nirvana que habéis alcanzado no es el verdadero. Lo que sucede es que El Que Así Llega ha recurrido al poder de hábiles medios y, trazando distinciones, ha tomado el vehículo único del Buda y lo ha predicado como si se tratara de tres caminos distintos”.
»El Buda es como el líder que, para brindar un sitio donde descansar, conjura una gran ciudad y, cuando los viajeros se sienten renovados, les dice: “El lugar de los tesoros está muy cerca de aquí. Esta ciudad no es real. Es algo que yo he conjurado”.
En ese momento, el Honrado por el Mundo, deseoso de manifestar su intención una vez más, habló en verso y dijo:

—El buda Excelencia de la Gran Sabiduría Universal
llevaba diez kalpas sentado en el lugar de la iluminación,
pero la Ley de los budas no aparecía ante él
y no podía entrar en el Camino del Buda.
La asamblea de deidades celestiales, reyes dragones,
asuras y otros seres
constantemente esparcía como ofrenda a ese Buda
flores celestiales llovidas del firmamento.
Los seres celestiales batían tambores de los cielos
e interpretaban música de las clases más diversas.
Un viento fragante barría las flores marchitas
y daba paso a otras, que, cual lluvia, frescas y hermosas caían.
Y cuando así transcurrieron diez kalpas menores,
por fin pudo adquirir el Camino del Buda.
Los seres celestiales y las personas del mundo
sintieron que su corazón danzaba.
Y los dieciséis hijos de ese Buda,
acompañados de sus cohortes
que los rodeaban de a miles, de a decenas de miles, y de a millones,
todos se hicieron presentes en el lugar del Buda;
se inclinaron a sus pies, tocando el suelo con la cabeza,
y, suplicándole que hiciera girar la rueda de la Ley, le dijeron:
«Dignísimo León, ¡que la lluvia del Dharma
se derrame a pleno sobre nosotros y sobre los demás!».
¡Qué difícil es hallar al Honrado por el Mundo;
solo aparece una vez en largo tiempo!
Para impartir la iluminación a los numerosos seres,
sacude y estremece todas las regiones a su alrededor.
En los mundos situados al este,
en cinco billones de tierras,
los palacios de los reyes del cielo de Brahma resplandecieron
como nunca se había visto antes.
Cuando los reyes del cielo de Brahma contemplaron este signo
acudieron en busca del sitio del Buda
esparciendo flores a modo de ofrenda
y, a la vez que le obsequiaban sus palacios,
urgiendo al Buda a hacer girar la rueda de la Ley
y ensalzándolo en estrofas versadas.
El Buda sabía que todavía no había llegado el tiempo;
pese a que los demás lo instaban, permaneció sentado en silencio.
Y lo mismo ocurrió en las otras tres direcciones y en las cuatro
direcciones intermedias,
y en las tierras del cenit y del nadir.
Los reyes del cielo de Brahma diseminaron flores, obsequiaron sus
palacios,
suplicaron al Buda que hiciera girar la rueda de la Ley y lo instaron:
«¡Qué difícil es hallar al Honrado por el Mundo!
Te rogamos que con tu amor compasivo y tu gran piedad
abras de par en par los portales del dulce rocío
y hagas girar la rueda de la Ley insuperable».
El Honrado por el Mundo, de sabiduría inmensurable,
aceptó las súplicas de la asamblea
y en bien de los presentes proclamó diversas doctrinas:
las cuatro nobles verdades, la cadena causal de doce eslabones,
y describió de qué modo, desde la ignorancia hasta la vejez y la
muerte,
todas se producen a causa del nacimiento.
«Con respecto a estas muchas falencias e irritaciones,
esto —dijo— es lo que debéis entender sobre ellas».
Cuando él expuso esta doctrina,
seis cuatrillones de seres
pudieron dar término a su sufrimiento,
todos alcanzaron el estado de arhat.
La segunda vez que predicó la doctrina
seres numerosos como diez millones de granos de arena del río
Ganges
dejaron de aceptar las cosas del mundo de los fenómenos
y pudieron, también ellos, llegar a ser arhats.
A partir de entonces, los que lograron el camino
ascendieron a un número incalculable:
si uno estuviera contando durante diez mil millones de kalpas,
jamás terminaría de estimar la cifra total.
En ese momento, los dieciséis príncipes
renunciaron a sus familias y se convirtieron en shramaneras.
Juntos, suplicaron a ese Buda
que expusiera la Ley del gran vehículo y proclamaron:
«Nosotros y nuestros asistentes
tenemos la certeza de que lograremos el Camino del Buda.
Deseamos el ojo de la sabiduría de la pureza intachable,
que posee el Honrado por el Mundo».
El Buda entendió sus mentes infantiles
y los actos que habían llevado a cabo en existencias pasadas;
empleando inconmensurables causas y  condiciones
y diversas semejanzas y parábolas,
predicó los seis paramitas
y cuestiones referidas a los poderes trascendentales,
distinguiendo la Ley verdadera,
el Camino practicado por los bodisatvas,
predicando este Sutra del loto
en versos numerosos como los granos de arena del Ganges.
Cuando el Buda hubo terminado de predicar el sutra,
se entregó a la meditación en un silencioso recinto,
con un único pensamiento, sentado en un solo lugar
durante ochenta y cuatro mil kalpas.
Los shramaneras sabían
que el Buda no saldría de su meditación,
y por eso, para la asamblea formada por millones incalculables
predicaron la insuperable sabiduría del Buda,
cada uno sentado en un sitial del Dharma,
predicando este sutra del gran vehículo.
Y cuando el Buda hubo ingresado en la pacífica serenidad,
siguieron proclamando, ayudando a otros a convertirse a la Ley.
Los seres vivos salvados
por cada uno de estos shramaneras
ascendieron a un número igual
a seis billones de granos de arena del Ganges.
Y cuando ese Buda hubo pasado a la extinción,
las personas que habían conocido la Ley
vivieron en distintas tierras de Buda, aquí y allá,
y renacieron constantemente en compañía de sus maestros.
Y estos dieciséis shramaneras,
habiendo llevado a cabo, en forma cabal, el Camino del Buda,
actualmente habitan en las diez direcciones,
donde cada uno ha alcanzado la correcta iluminación.
Las personas que oyeron la Ley en ese momento
están cada una en el lugar donde se encuentra alguno de estos
budas,
y los que permanecen en el nivel de los que escuchan la voz
gradualmente están siendo instruidos en el Camino del Buda.
Yo mismo fui uno de esos dieciséis,
y en el pasado prediqué para vosotros.
Por esta razón utilizo medios hábiles
para guiaros en busca de la sabiduría del Buda;
en razón de estas causas y condiciones anteriores
ahora predico el Sutra del loto.
Os haré entrar en el Camino del Buda…
¡Prestad atención y no alberguéis miedo!
Suponed que hay una carretera escarpada y difícil,
en una tierra yerma y lejana, poblada de bestias dañinas,
donde no hay hierbas ni hay agua,
y la gente teme internarse.
Un grupo de incontables miles, decenas de miles de viajeros
quería recorrer ese camino fragoso,
pero la ruta es muy larga y se pierde en la distancia,
a lo largo de un trayecto de quinientos yojanas.
En ese momento, hay con ellos un líder
bien informado, dotado de sabiduría,
de clara comprensión y actitud resuelta,
capaz de salvar a las personas en peligro de un sinfín de dificultades.
Los miembros del grupo están exhaustos y abatidos,
y dicen entonces a su conductor:
«Ya no podemos seguir, nos hemos quedado sin fuerzas.
Llegados a este punto, deseamos dar la vuelta y regresar».
El guía piensa para sus adentros:
«¡Qué lástima me dan estas personas!
¿Por qué ansían desandar el camino
y renunciar a los muchos y fabulosos tesoros que les aguardan?».
En ese momento, concibe un medio hábil
y decide ejercitar sus poderes trascendentales.
Conjura una gran ciudad amurallada
y adorna sus mansiones,
rodeándolas de jardines y arboledas,
de lagos, estanques y canales,
de dobles portales, pabellones y altas torres,
todas llenas de mujeres y de hombres.
No bien crea esta ilusión,
reconforta al grupo diciéndole: «¡No temáis...!
Podéis entrar en esta ciudad
y divertiros como a cada uno os plazca».
Cuando las personas entran en la villa,
su corazón se inunda de felicidad.
Todos se sienten cómodos y en calma,
y piensan que han sido salvados.
Cuando el líder entiende que ya han descansado,
los congrega a todos y les revela:
«Ahora debéis seguir el viaje:
esta no es más que una ciudad fantasma.
Os vi extenuados y a punto de desfallecer,
y dispuestos a dar marcha atrás en mitad del camino.
Por eso, usé el poder de los medios hábiles
para conjurar temporalmente esta ciudad.
Ahora debéis avanzar con diligencia,
para llegar, todos juntos, al lugar donde os aguardan los tesoros».
Yo también hago lo mismo,
y actúo como un líder para todos los seres.
Veo a los que buscan el Camino
perder la motivación en mitad del periplo,
incapaces de cruzar los barrancos
del nacimiento y la muerte, y de los deseos mundanos.
Por eso uso el poder de los medios hábiles
y predico el nirvana para darles sosiego,
y les digo: «Vuestros sufrimientos están extinguidos;
habéis llevado a cabo todo lo que hay que hacer».
Cuando sé que han llegado al nirvana
y que todos han logrado el estado de arhat,
convoco a la gran asamblea
y predico, en bien de ella, la Ley verdadera.
Los budas, mediante el poder de hábiles medios,
establecen distinciones y predican tres vehículos,
aunque en realidad solo existe el vehículo único del Buda;
los dos nirvanas se predican como refugio de descanso.
Ahora, os expongo la verdad:
lo que habéis alcanzado no es la extinción.
En pos de la amplia sabiduría del Buda,
debéis invertir mayores esfuerzos y diligencia.
Cuando hayáis obtenido tales atributos del Buda
como la sabiduría abarcadora y sus diez poderes,
y estéis dotados de los treinta y dos rasgos,
entonces, esto sí, será la verdadera extinción.
Los budas, en su condición de líderes,
predican el nirvana para ofreceros descanso.
Pero cuando entienden que ya habéis descansado,
os conducen adelante, hacia la sabiduría del Buda.